sábado, 31 de diciembre de 2011

Poema de Alejandra Pizarnik para terminar el año

Caminos del espejo


I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.



miércoles, 28 de diciembre de 2011

Consumir antes de...

La vida tiene fecha de caducidad

La muerte es para siempre

¿Y el amor?

¿Cómo muere un recuerdo?

¿De dónde nace la alegría?

¿Es esto traición?

¿Hay abrazos que matan?

¿Qué es madurar?


¿Es posible recuperar la inocencia?

¿Dónde está la libertad?


¿Era este mi camino?


¿0 quizá este?


¿Dónde estoy?

¿A dónde voy?

¿Puedo seguir siendo yo?

¿De dónde vienen las ganas de vivir?

¿Cómo se perdona?

¿Cómo se olvida?

¿Cuándo se paró el tiempo?


Pongo en hora el reloj

Amo

Agradezco

Nadie puede cortarme las alas

Ni siquiera yo misma

Porque perdono y me perdono

Porque el amor no está hecho de grilletes

Ni de silencios

Y un día por fin lo entenderé

Y quizá entonces recuerde qué es la libertad

Y vuelva a ser una con el mundo

como lo era contigo


lunes, 26 de diciembre de 2011

El árbol de Jenifer

Pensamiento para el día 24 de diciembre del libro de Robin Sharma Una inspiración para cada día, que antes perteneció a otra persona que también transmite paz y sentimientos puros.

Perdonar a alguien no es lo mismo que aprobar su conducta. Perdonar a alguien es, simplemente, ver que las personas dolidas hacen cosas que duelen. Te animo a comprender que las personas que hieren a otras es porque antes las han herido. Las personas que no se aman no pueden dar amor a otros. Y las personas que no se respetan no tienen ni idea de cómo mostrar respeto hacia los demás.

Como el libro, el padre Ángel de la Peña de Francia tiene siempre la palabra exacta. Dice que le preguntan a menudo si esa virgen hace muchos milagros, y que él responde que milagros no sabe, pero que de lo que sí está seguro es de que abre los corazones de la gente.

Yo en la Peña no pido milagros, solo fuerza y un corazón abierto para saber interpretar los designios divinos, o si preferís llamémoslos simplemente caminos espirituales. Quizá a veces lo que yo deseaba no es lo que mi espíritu necesitaba ni lo que la vida/ el destino/ dios tiene reservado para mí.




En 1995 Elisabet y Jenifer plantaron sendos árboles y les dieron sus nombres. ¿Por qué 16 años después el de Elisabet ha tirado para arriba, frondoso y de grueso tronco, y del árbol de Jenifer solo queda la señal de que alguna vez estuvo allí?

El día de Navidad hablaba el Padre Ángel de la alegría de tener un recién nacido en brazos y del nacimiento del amor en nuestro interior representado en el niño Jesús. Hablaba también de la bendición de la vida familiar vivida desde los valores. De lo felices que venían a dar gracias las parejas que habían cumplido los cincuenta años de casados, y del valor de la fidelidad entendida no como un mandato de fidelidad por la simple fidelidad en sí misma, sino explicada desde la alegría, la fuerza y el trabajo de creer en la familia y disfrutar de sus valores. Cuanto más atención se preste a estos valores, venía a decir, más sencillo será encontrar y disfrutar de las maravillas y la belleza de la vida.

¿Qué le pasaría al árbol de Jenifer? ¿La semilla no fue lo suficientemente fuerte? ¿El delgado tronco no supo defenderse ante los envites del hielo? ¿Vino un viento suficientemente fuerte para derribar sus ramas mientras que la de los jóvenes árboles vecinos lograron aferrarse con más fuerza a la vida? ¿O simplemente el árbol un día sin previo aviso apareció seco?

Pero lo que más me duele a mí es asumir que alguien tuvo que venir a talar los restos muertos que quedaron del árbol, hacer desaparecer las señales de que un día allí hubo vida. ¿Tuvo que venir Jenifer, que plantó su árbol con la emoción de un nacimiento, a recoger los despojos de muerte y quemarlos en un ataúd cerrado?

Quizá pasó días mirando cómo el árbol decaía, como poco a poco iba perdiendo vida, y Jenifer se empeñó inúltimente en regarlo un poco diariamente, sin saber nunca si lo regaba suficiente o demasiado, si la hora apropiada en verano era por la mañana, si quizá regarlo con las heladas era contraproducente. Y cuando finalmente el árbol murió, puede que se resistiera desesperadamente a aceptarlo, a despedirse de sus endebles pero frescas ramas, de su  tronco nudoso y áspero al tiempo que fino y orgulloso.

Y tal vez tuvo que pedir ayuda para talarlo, quizá vinieron una mañana los operarios del ayuntamiento sin ni siquiera avisarla. Pero lo que no sé, de lo que no tengo ni idea, es qué fue de los leños muertos, dónde pueden llevarse, qué sitio pueden ocupar, cómo hacerlos desaparecer sin vileza ni resistencia.

Quizá Jenifer entienda un día que su árbol, plantado con todo el amor, no pudo resistir las heladas, el calor ni los vientos, y puede que haya perdonado al frío, al aire y a la torridez del verano. Quizá Jenifer haya aprendido a amar a su árbol muerto igual que lo amaba cuando estaba vivo, quizá haya aprendido a ver la belleza de su árbol en cada nuevo árbol del camino.



Yo me aferro a la belleza de una Nochebuena pasada en familia donde los valores se reflejan en el cuidado de la mesa, en el cariño de la comida, en regalos que son recuerdos de días felices del pasado, en regalos que son una puerta para días felices en el futuro.

Y disfruto del paseo matutino en un día soleado de Navidad, donde los churros ya están despiertos

las encinas muestran su esplendor


algún eral mira con fijeza

las plantas comienzan a deshelarse

el campo se pone a tono con la navidad

los perros acuden fieles

y se comparten momentos cotidianos, momentos especiales con familia y amigos

Todo esto es empezar a saber qué es el amor verdadero, el amor que empieza por uno mismo, que mira con los ojos propios y únicos hacia el mundo exterior, que se abre y recibe, que se vierte y da.

Quizá el árbol de Jenifer podría haber sobrevivido con esta receta, pero ahora todo lo que queda es un nombre pisado y olvidado en medio de una fila de árboles altos y fuertes.

¿Dónde están los restos del árbol? ¿Será verdad que ya no hay vida en ellos? ¿Qué puedo hacer con ellos si me sigo aferrando a todo el amor con el que se plantaron?

martes, 20 de diciembre de 2011

Pensamientos positivos del día

Y ahora vamos a hablar, ¿sabéis?, vamos a hablar,
como si hubiera empezado el deshielo
y ya estuviese circulando la misma sangre en nuestros corazones
(...)porque empieza el deshielo,
porque empieza el deshielo y yo he llegado a tener la estatura de una gota de agua (...)
Luis Rosales, La casa encendida

"Debes aprender a identificar los pensamientos que llegan a tu mente, ya que tu vida irá de acuerdo a como pienses. Si son positivos, tu vida será hermosa y alegre; pero si la mayoría son negativos, entonces tu vida será triste y deprimente. De ahí la importancia de aprender a identificar tus pensamientos y de reemplazar los pensamientos negativos por positivos." (Jaime Jaramillo)

  • tengo paz interior
  • soy dueña de mi vida y dejo que sea yo quien la controle
  • merezco una vida sana
  • mis principios valen la pena
  • es divertido vestirme como me gusta, pero tampoco es un imperativo
  • puedo vivir con pocas cosas materiales
  • me gustan las cosas bonitas, especialmente las pequeñas
  • me gusta la gente cálida y que da abrazos
  • me gusta la gente que escucha y comprende
  • me gusta emocionarme y sentir
  • me gustan los impulsos y las emociones desde el equilibrio
  • me gusta la gente que sabe cuándo cerrar la boca
  • me gustan los pájaros y las bolas de navidad que han colgado mis compañeros en el pinsapo que se ve desde mi ventana
  • me gusta el piano, la música clásica, los toros y la poesía
  • puedo seguir aprendiendo de literatura
  • me gusta mi familia y me gustan mis amigos
  • me gusta que puedo ser alegre, y a veces también melancólica
  • me gusta entusiasmarme
  • me interesan mis alumnos, uno por uno
  • me gusta hacer cosas variadas en el trabajo
  • me gusta el campo y a veces también la ciudad
  • me gustan las burbujas en el estómago, especialmente cuando son de impaciencia e ilusión
  • me gusta encontrarme a mí misma
  • me gusta compartir mis pensamientos y que haya gente a quien les interesen
  • me encantan las estrellas de mi casa y el cuidado con el que las has colgado
  • me gusta el cuadro vintage que me han regalado
  • me gusta que mi familia haya venido a verme
  • me gusta tener hermanos trabajadores e inteligentes
  • me gusta la inteligencia, y me gusta la tuya, y la de de algunos de mis compañeros
  • me gusta el desprendimiento
  • me gusta el sentimiento
  • me gusta el saber callar a tiempo
  • me gusta que me escuchen
  • me gusta poder expresarme
  • me gusta salir de mi burbuja y escuchar y reír, y me gusta mucho aprender
  • me gusta tener alas y pájaros en la cabeza
  • tengo un corazón que puede ensancharse y abrirse
  • me gusta estar rodeada de gente que hace su trabajo bien
  • puedo hacer mi trabajo bien, pero también puedo poner límites al tiempo empleado
  • puedo organizarme y ponerme objetivos, y disfrutar en la tarea
  • puedo ser feliz, puedo ser yo, puedo sentirme bien junto a los otros
  • puedo ser fuerte, puedo estar junto a los demás y contribuir al bienestar
  • puedo encontrar mi dignidad, puedo liberar mi corazón del mal que me han hecho y liberarlo también de las cadenas que yo misma me he puesto
  • puedo volar, puedo ser feliz, puedo creer, puedo estar junto a vosotros
  • me he quitado unos cuantos hilos de acero porque he resistido
  • puedo ver los amaneceres, las vacas y los churrillos
  • puedo liberar mi corazón y algún día entender el amor verdadero
  • mientras tanto puedo ser yo, a solas, con todos, sintiendo y con el derecho a mi propia vida
¿Y quién te cuida, Lucía?
Me cuido yo, y me cuidáis vosotros,
y me cuidan todas las pequeñas y grandes cosas maravillosas de la vida.

Abro los ojos: veo
Abro el corazón, y siento libertad, amor, dignidad y el derecho a pintar mi vida con los colores del arcoiris.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Publicidad de Bankia: machismo y obscenidad




Esta imagen me indignó nada más verla. Al principio es simplemente algo que te choca, tu primer pensamiento es "aquí hay algo que falla", y efectivamente algo chirrría.

Lo primero que me viene a la cabeza es que es una imagen con la que disfrutaría un pederasta: una imagen obscena, explícita en su sutileza.

Una niña mona, con melena larga y de un rubio suave, una niña impaciente por crecer, que se pone tacones y sale en bragas.

¿Impaciente por qué? ¿Impaciente para qué? ¿Para convertirse en un modelo de mujer que guste a los hombres: provocación vestida de inocencia, manipulación femenina disfrazada de dulzura?

No insisto más: el anuncio me parece profundamente machista. Obviamente los publicistas no dan puntada sin hilo y saben claramente a quién se dirige el anuncio, cuál es su audiencia: será que son los hombres ya de una cierta edad, pasados los años de ligar fácilmente y de gustar pero a los que les cuesta asumirlo, los que empiezan a contratar planes de pensiones.

¿Cómo no va a indignarme que sea esta la imagen que se presenta de la mujer? ¿Es eso en lo que las niñas que están hoy en el parvulario esperan/ deben convertirse?

Y lo peor es que yo soy parte de Bankia, pero retrógrados y pichaflojas (sin perdón) debe de haber en todas partes, especialmente entre oscuros banqueros y relamidos hombres de negocios.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Es el viento

In the mountains, there you feel free

Domingo por la noche. He caminado por el mismo sendero de hace un año, pero ahora lo recorro en dirección inversa. Las dos veces sola, las dos veces escapando de la gente, marcada y triste. La vez primera, me alejé de ti porque no quisiste que fuera; la segunda, fui yo quien decidió huir en dirección opuesta.

Me paro en una piedra saliente del muro bajo: hablo por teléfono y lloro. El campo a mis pies; la montaña pone un límite al fondo. Sé que puedo echar a correr entre la hierba si quiero, y sé que el monte y el vallado podrán contener mis ansias alocadas.

Los dos paseos, separados en el tiempo externo por un año, marcan un hito en la vida: el fin de una manera de vivir, y de nuevo el final de otra. Entre medias, no ha pasado mucho, o quizá ha pasado todo. Yo aquí sigo, a los pies del sendero.

Aullaba el viento en la ventana esa noche, y yo no me quería poner los tapones para poder dormir. Era en el viento donde estaba la respuesta, donde se encerraba la liberación. Tenía que oírlo, tenía que dejar que azotara mi ventana.

Al día siguiente volví a saber de ti, volvieron las palabras cálidas que se clavan como banderillas, la sangre acude a la herida gélida. Palabras bellas, palabras llenas de sentido común, y sin embargo tan explícitas que se vuelven dardos.

Me arrodillé (en la alfombra, eso sí), se me quitó el hambre, pedí un clínex. Y por fin salí a la calle. Llovía a mares, agarré las katiuskas burdeos que esperaban apostadas en la puerta. Elegí un camino diferente: más ancho, más recto, en compañía. Llegué hasta un pequeño puente y encontré calma en las aguas embravecidas. Al regresar oscurecía, la niebla se había cerrado, arreciaba la lluvia.

Y entonces volé, volé como un pájaro con alas de plástico, de plástico negro como bolsas de basura gigantes. Después regresé, y me cobijé bajo el paraguas que me esperaba sereno. Ahora como dulces, escribo al brasero, y hablo con amigos. Puede que quizá, después del ostracismo y la amargura, haya razones para la alegría, puede que quizá algún día vuelva la risa, el impulso vital. Decía Vicente Aleixandre que no es bueno quedarse en la orilla. Decía, baja, baja despacio y búscate entre los otros. Porque allí se es joven, y se canta.

Pero mi intuición del día, la cura secreta que esperaba escondida en el sótano de los versos que fueron, es una línea de T.S. Eliot, su soniquete me ha acompañado andando bajo la lluvia. Cómo era, me decía tratando de apresar las palabras en la música, qué decía del bosque y de lo que éste traía.

Encuentro ahora la respuesta: in the mountains, there you feel free. En las montañas, ahí se siente uno libre.

Con un abrazo para mi amiga J, con quien hablo mientras escribo esto, y quien en la distancia del tiempo me trae de vuelta el cariño.

Voy a escuchar a la intuición, voy a seguir la fuerza del destino, esa fue la revelación tremenda que me trajo el día de ayer y mis acertadas e increíbles premoniciones sobre tu nueva vida. La razón me asfixia y me limita, me encierra y empequeñece en círculos concéntricos. He decidido oír al viento, caminar bajo la lluvia, sentir el aire en la cara. Y el destino, por abrirme a él, por hacerme de nuevo su hija, me trae hoy a J. y me recuerda que estamos todos unidos por la misma sensibilidad. Tenemos derecho a la magia, a la fe, y a ser nosotras mismas.

Por encima de ti y de todos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Fuerza Padilla: lecciones de vida

Es de admirar, y eso lo vimos muy poquitas personas, la entereza de otro tío que es Diego Robles, el único que estuvo de verdad entero, hablándole, dándole ánimos, diciéndole que se relajara, que estaba en manos de médicos extraordinarios y pidiéndole que estuviera tranquilo, les dejara trabajar y respirara. Los ratos de la enfermería fueron impresionantes: de esa dureza no los había vivido en toda mi vida de aficionado. Ver a Juan José tan entero a pesar de lo que llevaba, igual de entero que estos días e igual que hoy en la rueda de prensa, es impresionante.

Declaraciones de Ignacio Zorita para Aplausos (24.10.2011)

No solo es Padilla: es también su entorno, la calidad humana y los valores de los que le rodean. No es fácil mantenerse al lado de quien sufre tanto ni estar a la altura de lo que el herido necesita.

Padilla hace grande a su entorno , y los que le rodean hacen grande a Padilla. El ejemplo de uno y otros nos hace mejores a todos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Al otro lado del cristal


Como estoy en una casa vintage, escribo con papel y boli (aunque aún así esté pensando ahora que luego deberé pasarlo a ordenador). Qué sensación más rara frente al cuaderno; parece que le cuesta abrirse al pensamiento. Como si en el papel los secretos estuvieran más ocultos, en un lugar más recóndito. Como si en la hoja vacía solo se pudieran plasmar cosas verdaderas, revelaciones sencillas e intemporales como el transcurrir de la vida al otro lado del ventanal de mi terraza antigua. Además, en el papel no puedo cortar y pegar o rehacer el texto; las líneas tienen que colocarse en orden marcial como soldados en día de desfile.

Uso papel y boli para decir que escribo en mesa camilla, que desayuno café con porras y también churros, que a veces me engurruño en la manta rosa, que hoy hemos ido a por un brasero eléctrico, que hay que tener cuidado para que no vuelva a salir humo debajo de las faldillas.


Quiero contar que ya no pienso ir hoy a Madrid, a recorrer callejuelas y a toparme con tiendas y cafés modernos que vendan vicariamente el acceso a un tiempo pasado. Voy a seguir aquí, en la mesa camilla, junto al ventanal de la terraza sesentera, y me voy a quedar a este lado del cristal, convirtiéndome en una mujer antigua que utiliza las cortinas como arma de defensa. No hay aquí las presiones del trabajo, ni la alegría de bares y cafés, ni existe la necesidad de ser, de hacer, de definirse o explicarse.

En esta casa de antes, a mi edad ya nadie era joven todavía. En esta vuelta al pasado, ya nada se pide ni se espera de mí, puedo elegir sentarme en este sillón y pararme a contemplar cómo se gasta mi vida, dejar que la cristalera filtre la luz del día, de vez en cuando descansar la vista en la verdura de los árboles.

Me vienen a la mente mis abuelas, las dos, tan distintas y tan hijas ambas de la misma época, pienso en sus casas y en sus vidas. En mi casa de ahora llegan nítidas las sensaciones del pasado, recuerdo el tacto frío de los muebles,  los objetos arbitrarios con vocación de perdurar, los colores sobrios de los textiles, las luces cálidas, el olor a tiempo escapándose de la cocina, los ruidos sordos de los pasillos. Y, sobre todo, el eco del tictac de los relojes de pared, latiendo desde el corazón de las viviendas de antes.

Me doy cuenta también de que mis abuelas eran activas y alegres, que sabían caminar al ritmo que marcaba la vida, que entraban y salían, que se entregaban. Quizá encontraban la fuerza y el impulso en el interior de la casa. Yo hoy me voy a quedar un poquito más aquí dentro, oyendo el ruido sordo del tiempo.

Ahora miro mi crisantemo de flores blancas y yemas de amarillo desvaído como huevos poco fritos. (Mi abuela T. hacía los huevos fritos a la plancha, y no se podía mojar pan en la yema). El crisantemo es redondo y contundente, demasiado grande para la nueva maceta rosa. Unas cuantas flores se abren cada día en perfecto orden, respetando minuciosamente el camino esférico marcado por la planta, y mientras siempre quedan flores por abrir.


Mira el crisantemo, porque es vida y es belleza, y sin embargo hay que llevarlo estos días a las tumbas de los muertos. Mi crisantemo se queda en esta casa, porque recoge su espíritu y me recuerda lo que va a ser este año. Quiero un pasado que nunca se va y un presente que se abre, quiero intimidad y abono para mis razones. Quiero seguir un camino esférico, quiero flores que crezcan despacio. Quiero tiempo y calma, invocar al silencio y al vacío hasta que se oiga el eco del tictac de los relojes.


Los crisantemos pueden durar hasta 24 semanas. Entonces, y solo entonces, se cumplirá su ciclo. Aún quedan flores por abrir, y las ya abiertas aparecen lozanas.


Ahora voy a seguir leyendo. Se oye en la cocina el burbujeo de algo que se fríe. Leeré hasta que vengan a avisarme de que la tarta de manzana está lista para comer.









lunes, 5 de septiembre de 2011

Carta al director y defensora del lector de El País

Durante el mes de agosto se ha publicado en su periódico un número significativo de cartas con contenido antitaurino. Desde el 7 hasta el 31 de agosto han aparecido al menos ocho cartas, distribuidas perfectamente en el tiempo en periodos de tres o cuatro días.

Tanto el número de cartas como su distribución no parecen inocentes ni casuales. Estas elecciones hechas en su periódico más corresponden a una “acción o técnica efectuada sobre un individuo para anular su personalidad y comunicarle las ideas o mentalidad que se deseen”. Tal y como se recoge en el diccionario online de El País, esta definición se aplica al término “lavado de cerebro”.

La situación de manipulación aparece aún más grave cuando una rápida busca en Internet desvela que los autores de varias de estas cartas son conocidos por sus posturas absolutamente radicales no solo sobre toros sino sobre otros temas como el veganismo.

En la misma línea, los argumentos de estas cartas son absolutamente extremos e incluso ofensivos. Así, el 15 de agosto Julio Ortega escribe que “Cazador y torero no son más que despiadados sayones para aquellos a los que juran amar. Qué sobrecogedora combinación de egoísmo, sadismo y falsedad". En otras cartas se califica a los aficionados como “caterva de energúmenos” o “populacho”.

Asimismo, estas cartas pretenden difundir como verdadero algo que no puede ser más que una impresión subjetiva: el fin de los toros. Por ejemplo, el 7 de agosto Manuel Cañedo habla de “la fuerte oposición que les espera en los próximos años por parte de una sociedad cada vez más concienciada con los derechos de los animales".

Finalmente, encuentro especialmente preocupante el hecho de que en estas cartas los firmantes se erijan en poseedores únicos no solo de la verdad, sino de la moral. El 22 de agosto Alberto Morales proclama que “algunos de nuestros compatriotas se han estancado en la Edad Media, y lo peor es el ejemplo que ofrecen a sus hijos”.

Considero que tanto el número de cartas con contenido antitaurino publicadas en un periodo tan corto de tiempo como el radicalismo de los argumentos ofrecen una visión sesgada y manipuladora de la realidad de los toros. De este modo quizá se mantenga la independencia de la que hace gala su periódico, pero a mi parecer se resienten la objetividad, la pluralidad y el respeto que nuestra democracia otorga a los festejos taurinos y a los que eligen no estar en contra de ellos.



miércoles, 31 de agosto de 2011

Campaña antitaurina en El País: cartas al director

Me ha venido llamando la atención el número de cartas al director en El País con contenido antitaurino en el último mes. Cada vez que echaba un vistazo a la sección de opinión del periódico online, ahí que me encontraba una nueva carta de un bienpensante ciudadano clamando contra la sinrazón y el atraso de los espectáculos taurinos.

Hoy, último día de agosto, una nueva carta pone la guinda al pastel. María Consuelo Polo Delgado escribe "Contra el maltrato animal". Mis sospechas quedan confirmadas: este goteo continuo de proclamas contra el maltrato animal (sic) no es casualidad. Sin duda responde a la línea antitaurina de El País. Ahora han orquestado la publicación periódica de opiniones antitaurinas de ciudadanos anónimos.


¿El fin? No puede ser más obvio:

1. transmitir la sensación de que las opiniones antitaurinas son mayoritaria y de que reflejan el sentir mayoritario de la población.

2. identificar la ética y la razón con los movimientos antitaurinos. Los aficionados son retrógrados y energúmenos.

Analizo la carta publicada hoy 31 de agosto :

La actuación policial contra los antitaurinos de Gandía ha sido vergonzosa. Quienes se manifiestan contra la crueldad con los animales son gente pacífica que desean un mundo más en armonía y sin crueldad en las fiestas. Por muy tradicionales que sean esos espectáculos taurinos el toro es víctima de múltiples estocadas, banderillas y demás instrumentos cortantes.

Desde el principio se señala al grupo de los antitaurinos como "los buenos": persiguen la armonía en el mundo. Y se define con claridad qué es una corrida de toros: "crueldad con los animales". Frente al grupo de los que anhelan la "armonía", solo cabe la antítesis de los que enarbolan la sinrazón, de los que gustan de maltratar a los animales.

Los buenos y los malos quedan así claramente definidos: en el mundo de los antitaurinos todo queda reducido a una simplificación burda. No hay posibilidad de entendimiento de argumentos diferentes ni mucho menos de respeto hacia las personas que ven las cosas de otra manera. No solo las posturas taurinas, sino las personas que las mantienen, son deleznables, dignos tan solo de condena y desprecio.

Las fuerzas del orden, que velan por el transcurso pacífico de la corrida en Gandía, tienen una actuación "vergonzosa", puesto que se ponen de parte de las fuerzas del mal. Y atacan a aquellos que solo anhelan la "armonía" en el planeta (aunque los gritos y provocaciones vistos en la tele no los calificaría yo exactamente como armónicos).

El nuevo alcalde podría haber sido más cívico y más ético. En lugar de imponer de nuevo corridas de toros, después de 25 años sin ellas, debería tener más respeto por la mayoría de ciudadanos que rechazan estos crueles festejos.

De nuevo los antitaurinos enarbolan la bandera del civismo y la ética. El alcalde no ha sido ni buen ciudadano ni ha respetado la moral: se ha puesto de parte de los taurinos sin civismo ni ética.

Además el alcalde ha impuesto las corridas de toros. ¿Pero a quién ha impuesto las corridas de toros? La gente ha ido a los toros libremente porque ha querido, pagando la entrada con su propio dinero. Nadie ha sido obligado a ir ni a no ir. Por lo que a mí concierne, el dar a la gente la posibilidad de elegir no es imposición, sino una manifestación democrática de una postura legítima.

Se asevera que la mayoría de los ciudadanos está en contra de los toros. Esta afirmación se da por verdadera, no necesita más explicación ni justificación. Se espera que por el mero hecho de hacerla, la aseveración cobre realidad. No cabe duda para quien lea la carta: la mayoría de los ciudadanos están en contra de las corridas y demás espectáculos taurinos, y por eso el alcalde debería respetar la sensibilidad de esa mayoría que está en posesión de la razón.

Se reitera además que es un espectáculo cruel, no se nos vaya a olvidar. O quizá se sigue el razonamiento de que a fuerza de repetir, lo dicho va calando y ahí queda.

No sé que intereses tiene el Partido Popular en este tema, ya que donde entra lo primero que hace es apoyar la tauromaquia. A Dolores de Cospedal, a pesar de todos los problemas que tiene en Castilla-La Mancha, le ha faltado tiempo para declarar Bien de Interés Cultural las corridas de toros.
¡Ah, acabáramos! Ahora se ve un poco más claro: los toros devienen en ideología. Es la derecha la que los apoya, en defensa de unos intereses oscuros. Son los de izquierdas los progresistas y avanzados; los de derechas son los malos, los retrógrados, los cenutrios. Por tanto está claro donde coloca la ideología a cada uno, y donde lo coloca su afición  a los toros.  ¿Te gustan los toros y automáticamente eres de derechas, cruel y energúmeno? No sé si caben mayor maniqueísmo y demagogia.

Y qué decir de la Junta de Castilla y León, que también ha declarado de Interés Cultural al Toro de La Vega, festejo que un año más, para vergüenza de todos, se repetirá con un pobre toro que será alanceado por una caterva de energúmenos, sin que en este país nuestro exista un político que tenga la decencia de prohibirlo.

De nuevo los definidos como buenos ciudadanos y moralmente superiores, los que no votan al PP ni les gustan los toros, son la inmensa mayoría: "para vergüenza de todos". Por si queda alguna duda, en el crescendo de su indignación el autor escupe el epíteto final: los que participan en los espectáculos taurinos son "una caterva de energúmenos".

El toro se convierte en "pobre toro", lo que choca violentamente con la dignidad del toro, y España se torna "en este país nuestro" incapaz por siglos de la razón y el progreso. Siguiendo el mismo argumento, estamos gobernados por unos indecentes que no se atreven a poner fin a semejante barbarie y atraso.

En la misma línea maniquea, simplista y demagoga se han ido publicando varias cartas antitaurinas tan solo en el último mes.

El 28 de agosto desde Salamanca Lola Pereira condena el toro de la Vega, que "será masacrado con gran alegría de la gente amante de la tradición".
 
El 25 de agosto Julio Ortega Fraile exhorta a los políticos a acabar con el toro de la Vega. La única razón posible para que no lo hagan es que "es negocio y tal vez unos cuantos votos. El que participa en estos actos y los defiende en las urnas "lleva impresa con sangre la vergüenza de descubrir a nuestros hijos que la tortura puede admitirse como excepción".
 
El 22 de agosto Alberto Morales denosta las fiestas de los pueblos que incluyen espectáculos taurinos, que "son un retorno al pasado más rancio y mostrenco". No puede entender que "a pesar de lo mucho que viaja la gente hoy día" y de que "vivimos en el siglo XXI, (...) algunos de nuestros compatriotas se han estancado en la Edad Media, y lo peor es el ejemplo que ofrecen a sus hijos".
 
El 21 de agosto Ángeles Grupeli agradece a "Ruth" el haber escrito un artículo publicado en el país el 19 de agosto "sobre la muerte de un pobre toro en un salvaje encierro -tan salvaje como el resto de los encierros y otros mal llamados festejos taurinos de este país- celebrado en Leganés". Obviamente "mientras en este país el populacho (que no el pueblo) disfrute con la tortura de seres vivos, con la sangre y la muerte, nunca podremos soñar con estar a la altura de otros países europeos que nos llevan años luz de distancia en estos temas".

El 15 de agosto Julio Ortega titula su carta "Toreros y cazadores", y os podéis imaginar cómo define a unos y otros: "No aman a los animales de cuya muerte son responsables porque para ellos constituyen meros instrumentos. Es cuestión de ética. O de sensibilidad. O de raciocinio. De lo que no hay duda es que sí es un asunto de justicia. Cazador y torero no son más que despiadados sayones para aquellos a los que juran amar. Qué sobrecogedora combinación de egoísmo, sadismo y falsedad". (No puedo dejar de añadir al margen que estas afirmaciones, aunque no me cojan de sorpresa, me dejan estupefacta.)


El 11 de agosto Teresa Bartrina, de El Casar, Guadalajara (donde yo estuve trabajando y quizá hasta di clase a sus hijos) agradece a Rosa Montero "sus artículos sobre el maltrato animal". Como rosa, Teresa "también desearía cambiar de nacionalidad cuando llega el verano, cuando la violencia y el maltrato se transforman en fiestas y tradición como por arte de magia". Termina lanzando un mensaje de esperanza a los jóvenes y al futuro: "Ojalá nuestros jóvenes sean diferentes, sepan disfrutar de la naturaleza y de los "otros" seres vivos y sean capaces de acabar con unos atavismos que no reflejan la realidad de la sociedad española".

El 7 de agosto Manuel Cañedo critica el paso de los toros del Ministerio de Cultura al de Interior, pues "es una manera encubierta de subvencionar la llamada fiesta, además de un desesperado intento por blindar las corridas de toros contra la fuerte oposición que les espera en los próximos años por parte de una sociedad cada vez más concienciada con los derechos de los animales".



Son muchas cartas en un periodo muy corto de tiempo, y seguro que no son las últimas.


Solo me queda lamentarme como Francis Bacon:
No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente.






lunes, 29 de agosto de 2011

Tarde de toros muy lejos de las ferias

Festival sin picadores. Plaza portátil. Carretera secundaria flanqueada por pueblos semi-abandonados. Casas ásperas y pardas como terrones de la tierra. Atardeceres infinitos en el vacío de la meseta palentina.

Una incursión rápida al baño del bar. Azucarillos y servilletas alfombran el suelo. Los hombres beben coñac y piden puros para los toros. Los más jóvenes hacen acopio de litros, minis o cachis, que yo ya no sé cómo se llaman.

Desfilan las peñas con sus camisetas de colores neón por caminos sin asfaltar hasta la plaza de toros instalada en las afueras. Los padres agarran de la mano con fuerza a niñas con coletas. Como armas de este ejército, neveras portátiles, bocadillos, bebida. Y alegría, mucha alegría.

¿Cómo bajarse del coche, abrir los ojos ante este espectáculo, y no llenarse el hueco de la razón de tópicos y desdén por un presente que recula atrapado en el tiempo?

Pues no queda otra si quieres bajar del pedestal de la superioridad moral, si quieres conocer la realidad que se esconde bajo la fácil superficie de los tópicos, que sumarte al desfile y disfrutar del espectáculo. En dos horas saldrás del centro del huracán, de ese vórtice donde todo permanece inmóvil y a salvo. Pero hasta entonces habrás descendido hasta el fondo del mar y habitado la Atlándida.

Habrás compartido la alegría, abandonado los prejuicios, y comprendido por qué el espectáculo de los toros es imperecedero: porque las semillas las arrastra el aire limpio y arraigan en los campos amarillos. Porque los padres agarran con fuerza la mano de los hijos. Porque no se conocen los prejuicios. Porque se dan toros en los pueblos. Porque debajo de los tópicos vive gente real. Porque los toros son alegría, y porque son verdad.


jueves, 21 de julio de 2011

Eliminación de la hora de tutoría en Madrid

Leo con estupor y muchísima frustración la noticia de que la Comunidad de Madrid ha decidido eliminar la hora semanal de tutoría en la educación secundaria. Aún guardo la esperanza de que sea posible evitar a tiempo este despropósito. En el tiempo de tutoría se construye la verdadera excelencia: los alumnos toman conciencia de su responsabilidad como estudiantes, como compañeros y como integrantes de la sociedad.

La hora de tutoría es fundamental para dar cohesión al grupo, facilitando así la convivencia y las buenas relaciones entre los alumnos y con los profesores. En la tutoría se construye el clima de clase desde el principio, se responde a las inquietudes y necesidades de los alumnos que se detectan en el día a día, se les guía en su crecimiento como estudiantes y como personas.

En un grupo en el que se lleva a cabo una adecuada labor de tutoría es mucho más fácil dar clase, mucho más sencillo enfrentar y resolver los problemas individuales y de grupo; en definitiva, es infinitamente más gratificante la tarea de educar... y la de aprender.

Como profesora, estoy convencida de que parte fundamental de la vocación y de la tarea del educador se realiza a través de la tutoría. Por supuesto, la labor de tutoría va mucho más allá, en tiempos y en espacios, de la hora semanal reservada en el horario escolar. Pero esta hora que se elimina en la Comunidad de Madrid es el eje vertebrador de la tutoría, que a su vez funciona como un punto de cohesión para el resto de horas lectivas del currículo.

Esta es mi visión como profesora. Puedo hablar del entusiasmo y el compromiso con los que trato de desempeñar mis funciones. Pero sobre todo me gustaría compartir la complicidad con los padres, que encuentran en la tutoría un nexo de unión con su labor como principales educadores de los hijos. Y sobre todo quisiera poder transmitir la necesidad que los propios alumnos tienen de la hora de tutoría. Cuando ellos mismos expresan desde el corazón al final de curso la importancia de la tutoría... quizá estemos a tiempo de reaccionar y no defraudarles.


En el mundo idealista y esperanzado de los adolescentes debe de resultar ridículo que estemos debatiendo la conveniencia de las tutorías: deberíamos estar luchando simplemente para que se realicen con la preparación y los recursos más provechosos. No puedo imaginar medio más apropiado para lograr la excelencia académica y personal que una buena labor de tutoría.

Más información pinchando aquí.

jueves, 2 de junio de 2011

El sueño de los toros

Me encanta cuando me encuentro de repente una alusión a los toros en el momento y en el lugar más inesperados. Hoy feliz en el sillón leyendo para practicar un poquito de portugués... me topo con este párrafo de O Zahir de Paulo Coelho:

Esther desce do avião com um irreconhocível e horrível corte de cabelo. Viajamos para o interior de Espanha, conhocemos cidadezinhas que significan muito por uma noite, e que, se tivesse de lá voltar hoje, já não saberia onde se encontram. Assistimos a corridas de touros, danças flamencas, eu sou o melhor marido do mundo, porque quero que ela volte com a impressão de que ainda a amo. Nao sei porque desejo dar essa impresão, talvez porque no fundo acredite que o sonho de Madrid irá acabar um dia.

Critico o seu corte de cabelo, ela muda, fica linda outra vez. Agora faltam apenas dez dias para que as suas férias terminem, quero que ela se vá embora contente e me deixe novamente sozinho com Madrid que me mata, discotecas que abrem ás dez de manha, touros, conversas intermináveis sobre os mesmos assuntos, álcool, mulheres, mais touros, mais álcool, mais mulheres, e nenhum, absolutamente nenhum horário.
El narrador, un escritor casado que viaja solo a Madrid para encontrar su voz, y salvarse a sí mismo y salvar así su matrimonio, recibe durante un mes la visita de su mujer. Están en plena movida madriñela, y los toros forman parte del "sueño de Madrid", de una vida sin horarios, de unas vacaciones continuas en las que se dejan a un lado rutina y convenciones.

Viajan por España, y asisten a corridas de toros, que se presentan como parte de la esencia española. Ya en Madrid ven toros, y más toros. Y estos espectáculos se identifican con el espíritu libre y excesivo de la movida madrileña de los 80.

Con todos estos agasajos y con este ritmo de vida, del que forman parte las corridas de toros, el escritor quiere hacer feliz a su mujer y aparecer como "el mejor marido del mundo, porque quiero que ella vuelva con la impresión de que todavía la amo". A través de los toros, y de sus emociones compartidas, se vive el amor. En los toros reside parte de "el sueño de Madrid".


También me encanta cuando gente anónima toma la iniciativa, lucha por su sueño -en este caso el sueño de los toros y la libertad- y se lanza a la calle para compartir y extender sus ideas. Leo en el periódico que integrantes del Foro Juventud Taurina se organizan para la recogida de firmas para la ILP a favor de los toros.

Sin organización y un plan coordinado la recogida del medio millón de firmas se me antoja díficil. Por eso me parece fundamental que desde la iniciativa personal se trate de poner un poco de sistematización en la recogida de firmas.

Nosotros desde casa también hacemos todo lo que podemos. Si cumplimos todos con nuestra parte como individuos, puede que sea suficiente, aunque echo de menos un poco más de trabajo en equipo y un plan común de acción.

Pero confio en que a pesar de todo los esfuerzos den los frutos deseados. Al final todo cobrará sentido:

Basta prestar atencão; as licões chegam sempre cuando você está pronto e, se estiver atento aos sinais, aprenderá sempre tudo o que é necessário para o próximo paso.

lunes, 16 de mayo de 2011

Primera de feria: Capotazos

Palmas de tango en el tendido 7. "Por algo no quiero yo venir a la plaza en Madrid". Pues anda, durante casi 30 años has acabado viniendo varias veces por temporada, y las que te quedan.

Los toros no son para pusilánimes. Si a los que están tristes les recomiendan forzar la sonrisa hasta que por imitación del gesto físico el alma termine por contentarse, con la misma prescripción acudo yo a la plaza.  Hasta que por mímesis recobre el valor de mirar de frente a la vida.

Cada corrida en Madrid como si fuera la primera. O aún peor: la carga de lo que alguna vez lograste, el peso de todo lo que sueñas alcanzar. La sensación repetida y paradójicamente siempre recién nacida de asomarse al abismo, de lanzarse al vacío en caída libre. De estar en el circo romano esperando el veredicto del emperador: ¿hacia dónde apuntarán los pulgares esta vez?
Imposible acostumbrarse; inútil tratar de aprenderse la lección de cómo sobrellevarlo. Cada año la herida me hace costra. Sólo cabe esperar que supure con optimismo consciente y afición.

La emoción volverá como un contundente pase de pecho: profundo, templado e infinito. Como el pase de pecho definitivo que aparece y deslumbra cada cierto tiempo. El cometa Halley.

Puff, si lo pienso bien, esta plaza imponente y enorme me ha visto crecer. Los rezos inútiles de niña, la presión adolescente por elegir cuidadosamente el vestido, los besos a escondidas, las comidas familiares, los madrugones, el frío a la vuelta, el bocadillo de Villacastín, los nervios compartidos en silencio, los mensajes de los amigos, la entereza forzada, la alegría siempre contenida, el ejemplo del temple, unos cuantos pases ya olvidados pero indelebles en la memoria de la sensibilidad. Cierto orgullo y cierta resignación, tu compañía. Y ahora un nuevo camino por el que se vuelve sola y en autobús.

¿Cómo será ver los toros desde la barrera? ¿No tener el corazón encogido? ¿Ignorar lo que hay detrás? ¿Poder obviar la dedicación?

Toro, responde de lejos, arráncate, no desaires al matador que te llama ni al ganadero que te invoca. Pero hombre, quédate luego, ¿no ves que el torero insiste, que el ganadero aprieta los puños, que la multitud tiene sed de eternidad?

Esto son los toros: una montaña rusa de medias verdades y de buenas intenciones.

Suenan las campanillas de las mulillas minutos antes de terminar la faena. Avisan del final: la suerte está echada. Sin embargo, el torero se afana y el público sostiene la esperanza. Con sus expectativas mantiene en el aire la bola de corcho blanco de los juegos infantiles.
Y al final hubo palmas.

Las intermitencias de la vida, de la muerte, del toreo. Se resumen en una expresión: "qué pena". El toro muy noble muy noble... pero rajao.

Ahá, esa es la sonrisa que provocan la verdad y la hondura. Inicio de faena. Con eso a veces basta. Suficiente para esperar. Se entreabre la puerta de algo más.  Esa luz, ese túnel: ¿está el cielo al final?

Ahora se lo pasa  por delante y le aguanta. Y ahora lo llama y se pasa el abismo de los cuernos por detrás. En las bernardinas finales torea las guadañas. Palmas de verdad y un qué bonito ha sido. Los del 7 le recriminan la colocación en el pase de pecho.

¿Una estocada, un aviso, una oreja? La vuelta al ruedo que nunca se da en Madrid me la llevo para mí.

El sexto en el medio del ruedo. Las verónicas de saludo en el mismo centro. Ahí es donde se hunde la plaza y donde se sube al cielo.

Primera de feria. Unos cuantos capotazos... y algunas verdades.

domingo, 1 de mayo de 2011

Con resaca de Madrid

Quiero un mundo donde suenen las campanas
que regulan una vida sencilla y en orden,
una vida comunitaria donde el espíritu planee
como un ave de rapiña,
una vida que mire hacia dentro, y se vuelque hacia fuera,
(como estas campanas que tocan hoy como cada día en el pueblo,
          y que me han despertado;
como los minaretes que en Estambul cinco veces al día llamaban a la oración, íntima y compartida)

un mundo donde no me sienta tan cansada,
donde tenga a room of my own,
donde comparta el desayuno,
donde alguien cocine y yo pueda oír el amor
          machacándose en el mortero

donde los padres no mueran,
donde la gente llegue a fin de mes,
donde no haya cinco millones de parados
(o los haya, y el mundo reviente)

donde las ciudades no me ahoguen
(o entienda por qué no ahogan a todo el mundo),
donde la suciedad de las calles no me huela
           a incomunicación,
un mundo donde la pobreza del metro me golpee
por la pena, y no
          por la fealdad (se me revuelve el estómago: quiero salir y obviar)

donde no exista la calle Serrano,
donde la ropa no sea de usar y tirar,
donde los zapatos no tengan la suela de plástico a pesar de venderse
como artículos exclusivos,
donde el modelo de elegancia no me haga daño
          a la vista, y sobre todo al espíritu,
donde no exista el lujo, sino la personalidad,
la clase (que no sabe de clases), y el tiempo

donde los gastos de una sola boda pudieran salvar a aquellos que
durante el evento se han muerto de hambre, donde lo decente no fuera
repartir las sobras entre las ONGs,
donde yo disfrutara como hoy de las fotos, los vestidos
y el glamour de la boda real con desorbitada
          coherencia

donde yo descubriera cada vez el libro
que es necesario leer,
donde pudiera mantener la fuerza de una faena de dos orejas, de un toro
          embistiendo hasta el fin,
un mundo donde se pudiera vivir con tamañas convicción y presencia

un mundo donde el dinero nos llenara el espíritu ( o por lo menos no nos lo rebane),
donde los vendedores no dijeran medias verdades (o donde yo no
las crea),
donde estemos a la altura de las ilusiones de las jóvenes,
donde los institutos no sean establos
                                                  sino hipódromos,
donde no queden alumnos por el camino (o donde sepamos qué falla, y nos importe),
donde no asistamos impávidos a la agonía lenta de las capacidades y el futuro,
un mundo donde los adolescentes de hoy un día nos salven

un mundo donde todos pensemos diferente pero actuemos unidos,
un mundo donde yo escriba,
donde tú estés feliz,
un mundo al que yo me asome de frente

un mundo en el que la gente ame y vierta su amor al exterior,
un mundo que yo acepte, en el que aspire a la serenidad,
en el que vosotros sigáis siendo felices,
en el que yo salga afuera y comparta
          la alegría

un mundo donde la vida sí me quepa en el pecho, y aun se triture
                                                                                                  en los intestinos,
donde yo sea de nuevo y como siempre una niña guiada
por un viejo sabio a la que el mundo maravilla

un mundo donde me cobijen las encinas milenarias,
donde los árboles no mueran,
donde mis pies se enraicen firmes en la tierra fértil
            y en los secarrales, y aun así sigan
                                                           a borbotones
                                                                          el camino
                                                                                       alto
                                                                                             del sol

domingo, 9 de enero de 2011

Y a quién le contaré lo que ahora siento

Y a quién le contaré lo que ahora siento. Hoy me he levantado con esta línea en la cabeza. Creo que es un verso, pero no puedo recordar de quién ni sé por dónde empezar a buscar el poema. Es el problema con la intertextualidad: los textos de otros se convierten en propios, se los adueña el lector, y al final plagias sin ni siquiera ser consciente.

Como decían algunos buenos profesores (buenos porque recuerdo lo que me enseñaron), la literatura no existe en un vacío, es un palimpsesto en el que se van superponiendo capas, y no se podría escribir lo que hoy se escribe si no se hubieran creado en el pasado determinados textos. Por eso que en el relato de Borges fuera imposible escribir el Quijote en la época actual.

Busco el verso en internet, pero no lo encuentro. Tengo la teoría de que internet es un universo paralelo con un dios propio. Existen mundos tan amplios y extraños en internet que no pueden ser obra tan solo de los humanos. Pero este dios de la web es un dios pequeño, vulgar y anodino, hecho a imagen y semejanza del hombre de la televisión. Es el dios que creó a Belén Esteban en lugar de a Miguel Ángel, el dios que construye platós donde los famosos mediocres propulsan cataratas de pseudo-sentimientos. El dios del pasado, en cambio, ofrecía a los románticos ingleses paisajes con precipicios y aguas torrenciales en los que cifrar su infancia y el sentido de la vida.

Y es de los pseudo-sentimientos de lo que quiero hablar. Quizá el éxito de la telebasura, de esos programas tipo La Noria o como se llame ahora (pues siempre nos venden distintos lobos con la misma piel) radica en el hecho de que la gente puede adentrarse en la vida de otros, tener la impresión de que conoce sus intimidades y que puede leer su carácter. Tiene así el espectador la oportunidad de identificarse o de rechazar lo que oye, de juzgar al personaje, de emitir un juicio. Y en último término de ratificarse, por identificación o rechazo, en sus propias ideas, en lo que él mismo es.

O sea, el dios omnipresente y vacuo de la tele y de internet nos muestra el camino y la verdad. Ahí está la vida, o al menos una buena parte de ella, para muchos, en muchas ocasiones.

Pero yo no quiero hablar de mis pseudo-sentimientos, no quiero colocarme en el centro del plató, no quiero que otros me juzguen, no quiero convertirme en un personaje público, no quiero que mi verdad sea moneda de cambio ni envolver mis sentimientos en papel de usar y tirar, no quiero la aprobación ni el rechazo de esa masa amorfa.

Furiosa, limpio por igual mi pequeño escenario de cáscaras de verduras y de pétalos de flores, a patada limpia; no vais a llegar ninguno a mi verdad, no podréis mancillarla, pero aún así quedará mi diminuto espacio libre de todos vuestros boo y ahh. Y a quién le contaré lo que ahora siento.

Tengo un reducto pequeñito, tengo una verdad minúscula: una verdad vana y orgullosa como la rosa del Principito, una verdad que se protege con las espinas del silencio, de la distancia y del mal humor.

Fue verano durante mucho tiempo, y entonces era suficiente con amar y estar vivo. Llegaban las tormentas, y las palabras eran truenos que ensordecían, confundían y aporreaban, pero al final caían las palabras limpias y delicadas como lluvia suave que acaricia la tierra y expande el corazón. Y a quién le contaré lo que ahora siento.

Vino el invierno, y se helaron las palabras: planchas de hielo engañosas donde uno se hundía una y otra vez al intentar mantenerse en pie, hasta casi ahogarse de frío; piedras con cantos cortantes que abrían las heridas convirtiendo la sangre en granizo.

Tiraron las palabras como piedras los que creían estar libres de culpa, y lapidaron la última verdad, el último resquicio para el entendimiento.

Finalmente cayeron todas las palabras perdidas, ocultas y olvidadas, y nos encontraron debajo. Vinieron de las montañas remotas, se abrieron camino entre los cauces secos y entre la maleza acumulada, se precipitaron como un torrente y anegaron la tierra a su paso. Y a quién le contaré lo que ahora siento.

Hoy se ha retirado el agua, callan las palabras, y solo nos quedan verdades de arcilla. El sol abrasa la tierra yerma y se resquebraja el terreno bajo mis pasos vencidos. Camino con una rosa pequeña en la mano.

¿No escucháis la corriente bajo los pies, no os mueve su fuerza subterránea, no os arrastra el convencimiento del agua bajo la tierra? Yo la oigo, y camino en silencio con una verdad minúscula, inútil y delicada. Grito sin palabras, grito con pétalos de rosa, grito con pedazos de hielo, grito con pedrisco, grito con trinos de pájaro. Porque a quién le contaré lo que ahora siento.