miércoles, 31 de agosto de 2011

Campaña antitaurina en El País: cartas al director

Me ha venido llamando la atención el número de cartas al director en El País con contenido antitaurino en el último mes. Cada vez que echaba un vistazo a la sección de opinión del periódico online, ahí que me encontraba una nueva carta de un bienpensante ciudadano clamando contra la sinrazón y el atraso de los espectáculos taurinos.

Hoy, último día de agosto, una nueva carta pone la guinda al pastel. María Consuelo Polo Delgado escribe "Contra el maltrato animal". Mis sospechas quedan confirmadas: este goteo continuo de proclamas contra el maltrato animal (sic) no es casualidad. Sin duda responde a la línea antitaurina de El País. Ahora han orquestado la publicación periódica de opiniones antitaurinas de ciudadanos anónimos.


¿El fin? No puede ser más obvio:

1. transmitir la sensación de que las opiniones antitaurinas son mayoritaria y de que reflejan el sentir mayoritario de la población.

2. identificar la ética y la razón con los movimientos antitaurinos. Los aficionados son retrógrados y energúmenos.

Analizo la carta publicada hoy 31 de agosto :

La actuación policial contra los antitaurinos de Gandía ha sido vergonzosa. Quienes se manifiestan contra la crueldad con los animales son gente pacífica que desean un mundo más en armonía y sin crueldad en las fiestas. Por muy tradicionales que sean esos espectáculos taurinos el toro es víctima de múltiples estocadas, banderillas y demás instrumentos cortantes.

Desde el principio se señala al grupo de los antitaurinos como "los buenos": persiguen la armonía en el mundo. Y se define con claridad qué es una corrida de toros: "crueldad con los animales". Frente al grupo de los que anhelan la "armonía", solo cabe la antítesis de los que enarbolan la sinrazón, de los que gustan de maltratar a los animales.

Los buenos y los malos quedan así claramente definidos: en el mundo de los antitaurinos todo queda reducido a una simplificación burda. No hay posibilidad de entendimiento de argumentos diferentes ni mucho menos de respeto hacia las personas que ven las cosas de otra manera. No solo las posturas taurinas, sino las personas que las mantienen, son deleznables, dignos tan solo de condena y desprecio.

Las fuerzas del orden, que velan por el transcurso pacífico de la corrida en Gandía, tienen una actuación "vergonzosa", puesto que se ponen de parte de las fuerzas del mal. Y atacan a aquellos que solo anhelan la "armonía" en el planeta (aunque los gritos y provocaciones vistos en la tele no los calificaría yo exactamente como armónicos).

El nuevo alcalde podría haber sido más cívico y más ético. En lugar de imponer de nuevo corridas de toros, después de 25 años sin ellas, debería tener más respeto por la mayoría de ciudadanos que rechazan estos crueles festejos.

De nuevo los antitaurinos enarbolan la bandera del civismo y la ética. El alcalde no ha sido ni buen ciudadano ni ha respetado la moral: se ha puesto de parte de los taurinos sin civismo ni ética.

Además el alcalde ha impuesto las corridas de toros. ¿Pero a quién ha impuesto las corridas de toros? La gente ha ido a los toros libremente porque ha querido, pagando la entrada con su propio dinero. Nadie ha sido obligado a ir ni a no ir. Por lo que a mí concierne, el dar a la gente la posibilidad de elegir no es imposición, sino una manifestación democrática de una postura legítima.

Se asevera que la mayoría de los ciudadanos está en contra de los toros. Esta afirmación se da por verdadera, no necesita más explicación ni justificación. Se espera que por el mero hecho de hacerla, la aseveración cobre realidad. No cabe duda para quien lea la carta: la mayoría de los ciudadanos están en contra de las corridas y demás espectáculos taurinos, y por eso el alcalde debería respetar la sensibilidad de esa mayoría que está en posesión de la razón.

Se reitera además que es un espectáculo cruel, no se nos vaya a olvidar. O quizá se sigue el razonamiento de que a fuerza de repetir, lo dicho va calando y ahí queda.

No sé que intereses tiene el Partido Popular en este tema, ya que donde entra lo primero que hace es apoyar la tauromaquia. A Dolores de Cospedal, a pesar de todos los problemas que tiene en Castilla-La Mancha, le ha faltado tiempo para declarar Bien de Interés Cultural las corridas de toros.
¡Ah, acabáramos! Ahora se ve un poco más claro: los toros devienen en ideología. Es la derecha la que los apoya, en defensa de unos intereses oscuros. Son los de izquierdas los progresistas y avanzados; los de derechas son los malos, los retrógrados, los cenutrios. Por tanto está claro donde coloca la ideología a cada uno, y donde lo coloca su afición  a los toros.  ¿Te gustan los toros y automáticamente eres de derechas, cruel y energúmeno? No sé si caben mayor maniqueísmo y demagogia.

Y qué decir de la Junta de Castilla y León, que también ha declarado de Interés Cultural al Toro de La Vega, festejo que un año más, para vergüenza de todos, se repetirá con un pobre toro que será alanceado por una caterva de energúmenos, sin que en este país nuestro exista un político que tenga la decencia de prohibirlo.

De nuevo los definidos como buenos ciudadanos y moralmente superiores, los que no votan al PP ni les gustan los toros, son la inmensa mayoría: "para vergüenza de todos". Por si queda alguna duda, en el crescendo de su indignación el autor escupe el epíteto final: los que participan en los espectáculos taurinos son "una caterva de energúmenos".

El toro se convierte en "pobre toro", lo que choca violentamente con la dignidad del toro, y España se torna "en este país nuestro" incapaz por siglos de la razón y el progreso. Siguiendo el mismo argumento, estamos gobernados por unos indecentes que no se atreven a poner fin a semejante barbarie y atraso.

En la misma línea maniquea, simplista y demagoga se han ido publicando varias cartas antitaurinas tan solo en el último mes.

El 28 de agosto desde Salamanca Lola Pereira condena el toro de la Vega, que "será masacrado con gran alegría de la gente amante de la tradición".
 
El 25 de agosto Julio Ortega Fraile exhorta a los políticos a acabar con el toro de la Vega. La única razón posible para que no lo hagan es que "es negocio y tal vez unos cuantos votos. El que participa en estos actos y los defiende en las urnas "lleva impresa con sangre la vergüenza de descubrir a nuestros hijos que la tortura puede admitirse como excepción".
 
El 22 de agosto Alberto Morales denosta las fiestas de los pueblos que incluyen espectáculos taurinos, que "son un retorno al pasado más rancio y mostrenco". No puede entender que "a pesar de lo mucho que viaja la gente hoy día" y de que "vivimos en el siglo XXI, (...) algunos de nuestros compatriotas se han estancado en la Edad Media, y lo peor es el ejemplo que ofrecen a sus hijos".
 
El 21 de agosto Ángeles Grupeli agradece a "Ruth" el haber escrito un artículo publicado en el país el 19 de agosto "sobre la muerte de un pobre toro en un salvaje encierro -tan salvaje como el resto de los encierros y otros mal llamados festejos taurinos de este país- celebrado en Leganés". Obviamente "mientras en este país el populacho (que no el pueblo) disfrute con la tortura de seres vivos, con la sangre y la muerte, nunca podremos soñar con estar a la altura de otros países europeos que nos llevan años luz de distancia en estos temas".

El 15 de agosto Julio Ortega titula su carta "Toreros y cazadores", y os podéis imaginar cómo define a unos y otros: "No aman a los animales de cuya muerte son responsables porque para ellos constituyen meros instrumentos. Es cuestión de ética. O de sensibilidad. O de raciocinio. De lo que no hay duda es que sí es un asunto de justicia. Cazador y torero no son más que despiadados sayones para aquellos a los que juran amar. Qué sobrecogedora combinación de egoísmo, sadismo y falsedad". (No puedo dejar de añadir al margen que estas afirmaciones, aunque no me cojan de sorpresa, me dejan estupefacta.)


El 11 de agosto Teresa Bartrina, de El Casar, Guadalajara (donde yo estuve trabajando y quizá hasta di clase a sus hijos) agradece a Rosa Montero "sus artículos sobre el maltrato animal". Como rosa, Teresa "también desearía cambiar de nacionalidad cuando llega el verano, cuando la violencia y el maltrato se transforman en fiestas y tradición como por arte de magia". Termina lanzando un mensaje de esperanza a los jóvenes y al futuro: "Ojalá nuestros jóvenes sean diferentes, sepan disfrutar de la naturaleza y de los "otros" seres vivos y sean capaces de acabar con unos atavismos que no reflejan la realidad de la sociedad española".

El 7 de agosto Manuel Cañedo critica el paso de los toros del Ministerio de Cultura al de Interior, pues "es una manera encubierta de subvencionar la llamada fiesta, además de un desesperado intento por blindar las corridas de toros contra la fuerte oposición que les espera en los próximos años por parte de una sociedad cada vez más concienciada con los derechos de los animales".



Son muchas cartas en un periodo muy corto de tiempo, y seguro que no son las últimas.


Solo me queda lamentarme como Francis Bacon:
No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente.






lunes, 29 de agosto de 2011

Tarde de toros muy lejos de las ferias

Festival sin picadores. Plaza portátil. Carretera secundaria flanqueada por pueblos semi-abandonados. Casas ásperas y pardas como terrones de la tierra. Atardeceres infinitos en el vacío de la meseta palentina.

Una incursión rápida al baño del bar. Azucarillos y servilletas alfombran el suelo. Los hombres beben coñac y piden puros para los toros. Los más jóvenes hacen acopio de litros, minis o cachis, que yo ya no sé cómo se llaman.

Desfilan las peñas con sus camisetas de colores neón por caminos sin asfaltar hasta la plaza de toros instalada en las afueras. Los padres agarran de la mano con fuerza a niñas con coletas. Como armas de este ejército, neveras portátiles, bocadillos, bebida. Y alegría, mucha alegría.

¿Cómo bajarse del coche, abrir los ojos ante este espectáculo, y no llenarse el hueco de la razón de tópicos y desdén por un presente que recula atrapado en el tiempo?

Pues no queda otra si quieres bajar del pedestal de la superioridad moral, si quieres conocer la realidad que se esconde bajo la fácil superficie de los tópicos, que sumarte al desfile y disfrutar del espectáculo. En dos horas saldrás del centro del huracán, de ese vórtice donde todo permanece inmóvil y a salvo. Pero hasta entonces habrás descendido hasta el fondo del mar y habitado la Atlándida.

Habrás compartido la alegría, abandonado los prejuicios, y comprendido por qué el espectáculo de los toros es imperecedero: porque las semillas las arrastra el aire limpio y arraigan en los campos amarillos. Porque los padres agarran con fuerza la mano de los hijos. Porque no se conocen los prejuicios. Porque se dan toros en los pueblos. Porque debajo de los tópicos vive gente real. Porque los toros son alegría, y porque son verdad.


jueves, 21 de julio de 2011

Eliminación de la hora de tutoría en Madrid

Leo con estupor y muchísima frustración la noticia de que la Comunidad de Madrid ha decidido eliminar la hora semanal de tutoría en la educación secundaria. Aún guardo la esperanza de que sea posible evitar a tiempo este despropósito. En el tiempo de tutoría se construye la verdadera excelencia: los alumnos toman conciencia de su responsabilidad como estudiantes, como compañeros y como integrantes de la sociedad.

La hora de tutoría es fundamental para dar cohesión al grupo, facilitando así la convivencia y las buenas relaciones entre los alumnos y con los profesores. En la tutoría se construye el clima de clase desde el principio, se responde a las inquietudes y necesidades de los alumnos que se detectan en el día a día, se les guía en su crecimiento como estudiantes y como personas.

En un grupo en el que se lleva a cabo una adecuada labor de tutoría es mucho más fácil dar clase, mucho más sencillo enfrentar y resolver los problemas individuales y de grupo; en definitiva, es infinitamente más gratificante la tarea de educar... y la de aprender.

Como profesora, estoy convencida de que parte fundamental de la vocación y de la tarea del educador se realiza a través de la tutoría. Por supuesto, la labor de tutoría va mucho más allá, en tiempos y en espacios, de la hora semanal reservada en el horario escolar. Pero esta hora que se elimina en la Comunidad de Madrid es el eje vertebrador de la tutoría, que a su vez funciona como un punto de cohesión para el resto de horas lectivas del currículo.

Esta es mi visión como profesora. Puedo hablar del entusiasmo y el compromiso con los que trato de desempeñar mis funciones. Pero sobre todo me gustaría compartir la complicidad con los padres, que encuentran en la tutoría un nexo de unión con su labor como principales educadores de los hijos. Y sobre todo quisiera poder transmitir la necesidad que los propios alumnos tienen de la hora de tutoría. Cuando ellos mismos expresan desde el corazón al final de curso la importancia de la tutoría... quizá estemos a tiempo de reaccionar y no defraudarles.


En el mundo idealista y esperanzado de los adolescentes debe de resultar ridículo que estemos debatiendo la conveniencia de las tutorías: deberíamos estar luchando simplemente para que se realicen con la preparación y los recursos más provechosos. No puedo imaginar medio más apropiado para lograr la excelencia académica y personal que una buena labor de tutoría.

Más información pinchando aquí.

jueves, 2 de junio de 2011

El sueño de los toros

Me encanta cuando me encuentro de repente una alusión a los toros en el momento y en el lugar más inesperados. Hoy feliz en el sillón leyendo para practicar un poquito de portugués... me topo con este párrafo de O Zahir de Paulo Coelho:

Esther desce do avião com um irreconhocível e horrível corte de cabelo. Viajamos para o interior de Espanha, conhocemos cidadezinhas que significan muito por uma noite, e que, se tivesse de lá voltar hoje, já não saberia onde se encontram. Assistimos a corridas de touros, danças flamencas, eu sou o melhor marido do mundo, porque quero que ela volte com a impressão de que ainda a amo. Nao sei porque desejo dar essa impresão, talvez porque no fundo acredite que o sonho de Madrid irá acabar um dia.

Critico o seu corte de cabelo, ela muda, fica linda outra vez. Agora faltam apenas dez dias para que as suas férias terminem, quero que ela se vá embora contente e me deixe novamente sozinho com Madrid que me mata, discotecas que abrem ás dez de manha, touros, conversas intermináveis sobre os mesmos assuntos, álcool, mulheres, mais touros, mais álcool, mais mulheres, e nenhum, absolutamente nenhum horário.
El narrador, un escritor casado que viaja solo a Madrid para encontrar su voz, y salvarse a sí mismo y salvar así su matrimonio, recibe durante un mes la visita de su mujer. Están en plena movida madriñela, y los toros forman parte del "sueño de Madrid", de una vida sin horarios, de unas vacaciones continuas en las que se dejan a un lado rutina y convenciones.

Viajan por España, y asisten a corridas de toros, que se presentan como parte de la esencia española. Ya en Madrid ven toros, y más toros. Y estos espectáculos se identifican con el espíritu libre y excesivo de la movida madrileña de los 80.

Con todos estos agasajos y con este ritmo de vida, del que forman parte las corridas de toros, el escritor quiere hacer feliz a su mujer y aparecer como "el mejor marido del mundo, porque quiero que ella vuelva con la impresión de que todavía la amo". A través de los toros, y de sus emociones compartidas, se vive el amor. En los toros reside parte de "el sueño de Madrid".


También me encanta cuando gente anónima toma la iniciativa, lucha por su sueño -en este caso el sueño de los toros y la libertad- y se lanza a la calle para compartir y extender sus ideas. Leo en el periódico que integrantes del Foro Juventud Taurina se organizan para la recogida de firmas para la ILP a favor de los toros.

Sin organización y un plan coordinado la recogida del medio millón de firmas se me antoja díficil. Por eso me parece fundamental que desde la iniciativa personal se trate de poner un poco de sistematización en la recogida de firmas.

Nosotros desde casa también hacemos todo lo que podemos. Si cumplimos todos con nuestra parte como individuos, puede que sea suficiente, aunque echo de menos un poco más de trabajo en equipo y un plan común de acción.

Pero confio en que a pesar de todo los esfuerzos den los frutos deseados. Al final todo cobrará sentido:

Basta prestar atencão; as licões chegam sempre cuando você está pronto e, se estiver atento aos sinais, aprenderá sempre tudo o que é necessário para o próximo paso.

lunes, 16 de mayo de 2011

Primera de feria: Capotazos

Palmas de tango en el tendido 7. "Por algo no quiero yo venir a la plaza en Madrid". Pues anda, durante casi 30 años has acabado viniendo varias veces por temporada, y las que te quedan.

Los toros no son para pusilánimes. Si a los que están tristes les recomiendan forzar la sonrisa hasta que por imitación del gesto físico el alma termine por contentarse, con la misma prescripción acudo yo a la plaza.  Hasta que por mímesis recobre el valor de mirar de frente a la vida.

Cada corrida en Madrid como si fuera la primera. O aún peor: la carga de lo que alguna vez lograste, el peso de todo lo que sueñas alcanzar. La sensación repetida y paradójicamente siempre recién nacida de asomarse al abismo, de lanzarse al vacío en caída libre. De estar en el circo romano esperando el veredicto del emperador: ¿hacia dónde apuntarán los pulgares esta vez?
Imposible acostumbrarse; inútil tratar de aprenderse la lección de cómo sobrellevarlo. Cada año la herida me hace costra. Sólo cabe esperar que supure con optimismo consciente y afición.

La emoción volverá como un contundente pase de pecho: profundo, templado e infinito. Como el pase de pecho definitivo que aparece y deslumbra cada cierto tiempo. El cometa Halley.

Puff, si lo pienso bien, esta plaza imponente y enorme me ha visto crecer. Los rezos inútiles de niña, la presión adolescente por elegir cuidadosamente el vestido, los besos a escondidas, las comidas familiares, los madrugones, el frío a la vuelta, el bocadillo de Villacastín, los nervios compartidos en silencio, los mensajes de los amigos, la entereza forzada, la alegría siempre contenida, el ejemplo del temple, unos cuantos pases ya olvidados pero indelebles en la memoria de la sensibilidad. Cierto orgullo y cierta resignación, tu compañía. Y ahora un nuevo camino por el que se vuelve sola y en autobús.

¿Cómo será ver los toros desde la barrera? ¿No tener el corazón encogido? ¿Ignorar lo que hay detrás? ¿Poder obviar la dedicación?

Toro, responde de lejos, arráncate, no desaires al matador que te llama ni al ganadero que te invoca. Pero hombre, quédate luego, ¿no ves que el torero insiste, que el ganadero aprieta los puños, que la multitud tiene sed de eternidad?

Esto son los toros: una montaña rusa de medias verdades y de buenas intenciones.

Suenan las campanillas de las mulillas minutos antes de terminar la faena. Avisan del final: la suerte está echada. Sin embargo, el torero se afana y el público sostiene la esperanza. Con sus expectativas mantiene en el aire la bola de corcho blanco de los juegos infantiles.
Y al final hubo palmas.

Las intermitencias de la vida, de la muerte, del toreo. Se resumen en una expresión: "qué pena". El toro muy noble muy noble... pero rajao.

Ahá, esa es la sonrisa que provocan la verdad y la hondura. Inicio de faena. Con eso a veces basta. Suficiente para esperar. Se entreabre la puerta de algo más.  Esa luz, ese túnel: ¿está el cielo al final?

Ahora se lo pasa  por delante y le aguanta. Y ahora lo llama y se pasa el abismo de los cuernos por detrás. En las bernardinas finales torea las guadañas. Palmas de verdad y un qué bonito ha sido. Los del 7 le recriminan la colocación en el pase de pecho.

¿Una estocada, un aviso, una oreja? La vuelta al ruedo que nunca se da en Madrid me la llevo para mí.

El sexto en el medio del ruedo. Las verónicas de saludo en el mismo centro. Ahí es donde se hunde la plaza y donde se sube al cielo.

Primera de feria. Unos cuantos capotazos... y algunas verdades.

domingo, 1 de mayo de 2011

Con resaca de Madrid

Quiero un mundo donde suenen las campanas
que regulan una vida sencilla y en orden,
una vida comunitaria donde el espíritu planee
como un ave de rapiña,
una vida que mire hacia dentro, y se vuelque hacia fuera,
(como estas campanas que tocan hoy como cada día en el pueblo,
          y que me han despertado;
como los minaretes que en Estambul cinco veces al día llamaban a la oración, íntima y compartida)

un mundo donde no me sienta tan cansada,
donde tenga a room of my own,
donde comparta el desayuno,
donde alguien cocine y yo pueda oír el amor
          machacándose en el mortero

donde los padres no mueran,
donde la gente llegue a fin de mes,
donde no haya cinco millones de parados
(o los haya, y el mundo reviente)

donde las ciudades no me ahoguen
(o entienda por qué no ahogan a todo el mundo),
donde la suciedad de las calles no me huela
           a incomunicación,
un mundo donde la pobreza del metro me golpee
por la pena, y no
          por la fealdad (se me revuelve el estómago: quiero salir y obviar)

donde no exista la calle Serrano,
donde la ropa no sea de usar y tirar,
donde los zapatos no tengan la suela de plástico a pesar de venderse
como artículos exclusivos,
donde el modelo de elegancia no me haga daño
          a la vista, y sobre todo al espíritu,
donde no exista el lujo, sino la personalidad,
la clase (que no sabe de clases), y el tiempo

donde los gastos de una sola boda pudieran salvar a aquellos que
durante el evento se han muerto de hambre, donde lo decente no fuera
repartir las sobras entre las ONGs,
donde yo disfrutara como hoy de las fotos, los vestidos
y el glamour de la boda real con desorbitada
          coherencia

donde yo descubriera cada vez el libro
que es necesario leer,
donde pudiera mantener la fuerza de una faena de dos orejas, de un toro
          embistiendo hasta el fin,
un mundo donde se pudiera vivir con tamañas convicción y presencia

un mundo donde el dinero nos llenara el espíritu ( o por lo menos no nos lo rebane),
donde los vendedores no dijeran medias verdades (o donde yo no
las crea),
donde estemos a la altura de las ilusiones de las jóvenes,
donde los institutos no sean establos
                                                  sino hipódromos,
donde no queden alumnos por el camino (o donde sepamos qué falla, y nos importe),
donde no asistamos impávidos a la agonía lenta de las capacidades y el futuro,
un mundo donde los adolescentes de hoy un día nos salven

un mundo donde todos pensemos diferente pero actuemos unidos,
un mundo donde yo escriba,
donde tú estés feliz,
un mundo al que yo me asome de frente

un mundo en el que la gente ame y vierta su amor al exterior,
un mundo que yo acepte, en el que aspire a la serenidad,
en el que vosotros sigáis siendo felices,
en el que yo salga afuera y comparta
          la alegría

un mundo donde la vida sí me quepa en el pecho, y aun se triture
                                                                                                  en los intestinos,
donde yo sea de nuevo y como siempre una niña guiada
por un viejo sabio a la que el mundo maravilla

un mundo donde me cobijen las encinas milenarias,
donde los árboles no mueran,
donde mis pies se enraicen firmes en la tierra fértil
            y en los secarrales, y aun así sigan
                                                           a borbotones
                                                                          el camino
                                                                                       alto
                                                                                             del sol

domingo, 9 de enero de 2011

Y a quién le contaré lo que ahora siento

Y a quién le contaré lo que ahora siento. Hoy me he levantado con esta línea en la cabeza. Creo que es un verso, pero no puedo recordar de quién ni sé por dónde empezar a buscar el poema. Es el problema con la intertextualidad: los textos de otros se convierten en propios, se los adueña el lector, y al final plagias sin ni siquiera ser consciente.

Como decían algunos buenos profesores (buenos porque recuerdo lo que me enseñaron), la literatura no existe en un vacío, es un palimpsesto en el que se van superponiendo capas, y no se podría escribir lo que hoy se escribe si no se hubieran creado en el pasado determinados textos. Por eso que en el relato de Borges fuera imposible escribir el Quijote en la época actual.

Busco el verso en internet, pero no lo encuentro. Tengo la teoría de que internet es un universo paralelo con un dios propio. Existen mundos tan amplios y extraños en internet que no pueden ser obra tan solo de los humanos. Pero este dios de la web es un dios pequeño, vulgar y anodino, hecho a imagen y semejanza del hombre de la televisión. Es el dios que creó a Belén Esteban en lugar de a Miguel Ángel, el dios que construye platós donde los famosos mediocres propulsan cataratas de pseudo-sentimientos. El dios del pasado, en cambio, ofrecía a los románticos ingleses paisajes con precipicios y aguas torrenciales en los que cifrar su infancia y el sentido de la vida.

Y es de los pseudo-sentimientos de lo que quiero hablar. Quizá el éxito de la telebasura, de esos programas tipo La Noria o como se llame ahora (pues siempre nos venden distintos lobos con la misma piel) radica en el hecho de que la gente puede adentrarse en la vida de otros, tener la impresión de que conoce sus intimidades y que puede leer su carácter. Tiene así el espectador la oportunidad de identificarse o de rechazar lo que oye, de juzgar al personaje, de emitir un juicio. Y en último término de ratificarse, por identificación o rechazo, en sus propias ideas, en lo que él mismo es.

O sea, el dios omnipresente y vacuo de la tele y de internet nos muestra el camino y la verdad. Ahí está la vida, o al menos una buena parte de ella, para muchos, en muchas ocasiones.

Pero yo no quiero hablar de mis pseudo-sentimientos, no quiero colocarme en el centro del plató, no quiero que otros me juzguen, no quiero convertirme en un personaje público, no quiero que mi verdad sea moneda de cambio ni envolver mis sentimientos en papel de usar y tirar, no quiero la aprobación ni el rechazo de esa masa amorfa.

Furiosa, limpio por igual mi pequeño escenario de cáscaras de verduras y de pétalos de flores, a patada limpia; no vais a llegar ninguno a mi verdad, no podréis mancillarla, pero aún así quedará mi diminuto espacio libre de todos vuestros boo y ahh. Y a quién le contaré lo que ahora siento.

Tengo un reducto pequeñito, tengo una verdad minúscula: una verdad vana y orgullosa como la rosa del Principito, una verdad que se protege con las espinas del silencio, de la distancia y del mal humor.

Fue verano durante mucho tiempo, y entonces era suficiente con amar y estar vivo. Llegaban las tormentas, y las palabras eran truenos que ensordecían, confundían y aporreaban, pero al final caían las palabras limpias y delicadas como lluvia suave que acaricia la tierra y expande el corazón. Y a quién le contaré lo que ahora siento.

Vino el invierno, y se helaron las palabras: planchas de hielo engañosas donde uno se hundía una y otra vez al intentar mantenerse en pie, hasta casi ahogarse de frío; piedras con cantos cortantes que abrían las heridas convirtiendo la sangre en granizo.

Tiraron las palabras como piedras los que creían estar libres de culpa, y lapidaron la última verdad, el último resquicio para el entendimiento.

Finalmente cayeron todas las palabras perdidas, ocultas y olvidadas, y nos encontraron debajo. Vinieron de las montañas remotas, se abrieron camino entre los cauces secos y entre la maleza acumulada, se precipitaron como un torrente y anegaron la tierra a su paso. Y a quién le contaré lo que ahora siento.

Hoy se ha retirado el agua, callan las palabras, y solo nos quedan verdades de arcilla. El sol abrasa la tierra yerma y se resquebraja el terreno bajo mis pasos vencidos. Camino con una rosa pequeña en la mano.

¿No escucháis la corriente bajo los pies, no os mueve su fuerza subterránea, no os arrastra el convencimiento del agua bajo la tierra? Yo la oigo, y camino en silencio con una verdad minúscula, inútil y delicada. Grito sin palabras, grito con pétalos de rosa, grito con pedazos de hielo, grito con pedrisco, grito con trinos de pájaro. Porque a quién le contaré lo que ahora siento.

martes, 7 de septiembre de 2010

Picasso en la Casa Lis: hasta el 19 de septiembre

Ya llega la feria de Salamanca. Los aficionados que os acerquéis a los toros y a disfrutar del ambiente tenéis un plato extra: la exposición sobre la tauromaquia de Picasso en la Casa Lis. Pero también es una exposición de calidad para todos los que, aficionados o no, tengan cierto interés por el arte y una mente abierta hacia el mundo de los toros.

Yo tuve la suerte de plantarme allí un jueves por la mañana, que no hay que pagar entrada, y de coincidir justo con la hora de la visita guiada. Por supuesto una visita guiada no quita la contemplación de la obra a tu propio ritmo y siguiendo tus propios gustos e interés, pero ayuda mucho a saber qué es lo que tienes delante, y así el interés puede aumentar, y la experiencia estética ser más profunda.

La guía hizo especial hincapié en que iba a explicar a Picasso tratando de centrarse en el arte y no en la polémica de la tauromaquia. Daba por supuesto además que la mayoría de la gente no tendría mucho interés o conocimiento sobre el mundo de los toros, seguramente como ella misma.

Y así tiene que ser la aproximación al arte, libre de polémicas y de propaganda. Pero también es verdad que en arte la forma es inseparable del fondo, el estilo del tema o contenido. Y si vamos a ver cuadros y apuntes sobre toros, no está de más conocer la postura de Picasso sobre los toros, su pasión hasta el final de sus días, sin dejar de ir de ver toros en su autoexilio en Francia.

Por supuesto, la figura del toro en Picasso, su simbolismo, va más allá del localismo de la fiesta de los toros. Lo grande de la tauromaquia de Picasso es que convierte al toro en un símbolo universal, en el que todos pueden ver reflejada y conceptualizada la realidad. Desde el toro víctima de la guerra y el fascismo, como en el Guernika, hasta la figura del toro poderosa, convertida en fuerza bruta, comiéndose al picador, en lucha ciega con el hombre y su razón.

Y así la tauromaquia de Picasso convierte a la fiesta (o más bien la muestra, la revela en su esencia) como un espectáculo que explica al hombre, donde el torero lucha a brazo partido con su destino y despliega su valor para hacer frente a la muerte y, por ello, para vivir la más auténtica de las vidas.

Y el espectador ante los cuadros de Picasso, como el aficionado en la corrida, vive la experiencia artística y se nutre del poder de la belleza lúcida y terrible. Desde la catarsis, en el verdadero arte, somos conscientes de la muerte, y nos lanzamos a amar la vida, pero la vida profunda y auténtica.

Acabó diciendo la guía de la exposición que esperaba que todos se hubieran podido centrar en el arte, obviando las implicaciones de la tauromaquia. Pero reconocía también que se trataba de una exposición visualmente no muy atractiva; serían los aficionados a los toros los que pudieran encontrarla más interesante.

Sin duda la guía tuvo el mérito de hacer accesible la exposición a todos, y con ello también -aunque ella puede que no sea consciente- de acercar un poco más los toros y su significado a los espectadores ávidos. Pero los aficionados podemos ir un poco más allá, y ver más profundidad donde otros solo ven rayajos mejor o peor trazados.

En este sentido, no dejéis de regodearos en la sala que está más al fondo a la derecha (la última que muestra la guía). Allí pueden verse las planchas y los grabados que Picasso realizó para acompañar la tauromaquia de Pepe Illo. En estos grabados se recogen todos los aspectos que rodean a una corrida de toros. Os aseguro que solo por ver esto, la visita a la exposición está más que justificada.

Os dejo con el enlace a la web de la Casa Lis donde podéis encontrar toda la información de horarios, incluidos los de las visitas guiadas. Recordad que no quedan muchos días: el día 19 de septiembre se clausura la exposición.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El País y la goyesca: mentira y manipulación

Estimada Defensora:


Me dirigo a usted de nuevo para indicarle nuevas inexactitudes o más bien datos falsos en el tratamiento que su periódico hace de una noticia taurina. Paso a narrarle los hechos:



Domingo 5 de septiembre de 2010. Abro El País, edición digital. Lo primero que llama mi atención es una foto de Rivera Ordoñez saliendo a hombros en la corrida goyesca celebrada el día anterior. Aparece en la sección "Caras del día". Debajo de la foto, tan solo una frase donde pinchar: "Menos público en la goyesca". Este titular enlaza con un breve texto donde se indica que la afluencia de público ha sido sensiblemente menor a la de otros años, a pesar del efecto Obama.

O sea, interpreto yo, que quede claro que la gente da ya la espalda a los toros incluso en Ronda.

La noticia me deja un poco sorprendida y hasta intrigada, pues en la vida se me hubiera ocurrido que podría yo presentarme en Ronda un rato antes de la goyesca dispuesta a encontrar una entrada.

Así que voy al portal Burladero, donde se indica que hubo lleno. Aún no las tengo todas conmigo: quizá pudiera ser que estuviera prácticamente lleno, pero no del todo.

Bueno, pues vamos a investigar un poco más. La página web de ABC no deja lugar a dudas: La plaza colgó el cartel de "no hay billetes" en tarde calurosa.

Venga, por si acaso, vamos a cerciorarnos, no sea que a todos los periodistas taurinos les haya dado por faltar a la verdad. La Razón coincide en informar de que hubo lleno. Y acompaña una foto similar a la de El País con un titular más informativo de lo que ocurrió en el ruedo y menos llamado a echar sacos de cemento sobre la tumba que en El País parecen haber abierto para ver si echan dentro a los toros de una vez. El titular de La Razón: "Paquirri" resucita en Ronda.

Por su parte, en El Mundo se recoge la misma crónica de Efe que hemos visto en El Abc.

Bueno, ahora me tocaría escribir la conclusión de todo esto. Pero me parece tan obvia, que solo deja paso no ya a la indignación, sino al estupor más absoluto. ¿Pero qué tomadura de pelo es esta? ¿Cómo un periódico del prestigio de El País se permite faltar a la verdad y, peor aún, manipular con tanto descaro para presentar una visión negativa de los toros?

Y es que aún hay más: el texto de El País también lo firma la agencia Efe, ¡la misma que en otros periódicos asegura que se colgó el cartel de no hay billetes! ¿Me estaré yo volviendo loca?

Como no entiendo nada, lo único que me queda pedirle es que, si existe alguna explicación lógica para este extraño suceso, tenga a bien compartirla con sus lectores.

Atentamente,



Foto: La Razón


Texto completo de El País: Menos público en la goyesca
EFE
04-09-2010
Francisco Rivera, Enrique Ponce y Sebastian Castella han protagonizado la corrida goyesca de Ronda de este año, que ha congregado a miles de curiosos a las puertas de la plaza, aunque la afluencia de público al espectáculo ha sido sensiblemente menor que en otros años a pesar del efecto Obama. Entre los conocidos, estaban Carmen Lomana, José María García, Carlos Herrera, Fernando Sánchez Dragó, Patricia Rato, Victorio & Lucchino, Julián Contreras y la Duquesa de Alba.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los altercados en el pueblo de Guadalajara

Se abre el telediario de Tele5 con la noticia del enfrentamiento entre taurinos y antitaurinos. Y una recomendación de profesor paternalista: niños, esto de agredir a los antis está muy mal.

Antes de tratar la noticia con más profundidad, vemos cómo tiran a unos cachorros vivos a un río, después a otros sádicos que abandonan cerdos vietnamitas, a una tía loca que acaricia a un gato y acto seguido lo tira a un contenedor.

Bien, ahora ya estamos preparados para comprobar cómo son de salvajes los vecinos del pueblo de Guadalajara que están celebrando un encierro a campo abierto como parte de las fiestas patronales.

"Vamos a tirarlos por el puente p'abajo" y "¡A matarlos!" son algunas de las lindezas que dedican los del pueblo a los antis. Y de ahí pasan a la acción: les patean el coche y tiran a uno por un terraplén de 10 metros (según he deducido, aunque por cómo lo han dicho en la noticia parece que ha volado 10 metros en caída libre).

No seré yo la que defienda como medida de protección a la Fiesta tirar a los antis por un puente. Pero sí digo que no creo que ninguno de esos antis haya ido hasta ese pueblo, se haya situado en el puente, haya desplegado la pancarta, y se pensara que les iban a empezar a aplaudir por su buena acción.

Si hubieran pensado que nada iba a pasar, no hubieran llevado con ellos al cámara de Tele5 para que grabara lo que sí iba a pasar.

Claro, que calcularon mal su posición estratégica  y el alcance del peligro: en su buen corazón nunca pudieron imaginar que los salvajes fueran a llegar tan lejos. Moraleja: puentes no, y coches si eso tampoco.

Pero siendo honestos, ¿quién puede esperar que frente a la provocación todos y cada uno de los vecinos del pueblo vayan a hacer gala de la flema y contención más absolutas?

Los antitaurinos tienen derecho, faltaría más, a tener su opinión y a expresarla. Pero no lo tienen a provocar y a alterar el orden público. Y si ellos se creen que pueden presentarse en casa de los demás y darles lecciones de moralidad, es porque piensan que su razón está por encima del bien y del mal.

Pero no lo está, y la función de la ley y los agentes de seguridad es garantizar el orden de un espectáculo absolutamente legal. Me parece que todo lo demás está fuera de lugar, y que los habitantes del pueblo no tienen por qué aguantar que nadie venga a fastidiarles las fiestas, a decirles qué es correcto y qué no, colocándose por encima de la ley. Y mucho menos que vengan a alterar la paz y agriar la convivencia.

Taurinos y antitaurinos tienen derecho a manifestar sus pasiones, y no podemos juzgar una causa por las debilidades e incongruencias de sus defensores y detractores. Pero la razón está por encima de arrebatos, y si no está bien agredir, tampoco lo está provocar.

No tienen los antitaurinos de Guadalajara lo que merecen, pues nadie debería ser agredido, pero sí han conseguido lo que andaban buscando: provocación y cobertura mediática. Creo que ahora mismo los antis y sus acólitos deben de estar revolcándose en su pátina de héroes y en la aureola de santidad que se han adjudicado.

Por último, mi conclusión sobre el tema: las lecciones de moralidad son muy bonitas, pero los medios con coherencia no están para alentar cualquier postura llamativa y efectista. Y la finalidad de las fuerzas de seguridad es garantizar el orden y prevenir problemas de convivencia; desde mi punto de vista, esos antis nunca deberían haber estado allí.

Y si no se dejan las cosas claras desde el principio, a ver quién es el guapo que se mete con ese toro resabiado.

lunes, 30 de agosto de 2010

Vestido de toros by Chula

Estos días se ha presentado una asociación internacional que reúne a municipios donde los festejos taurinos populares son parte de la historia, de la tradición y de la cultura.

Por ahora componen la asociación ocho municipios:

Pamplona (Navarra)-- Fiesta de Interés Turístico Internacional
San Sebastián de los Reyes (Madrid)-- Fiesta de Interés Turístico Nacional
Cuéllar (Segovia)
Vall D" Uxo (Castellón)-- Fiesta de Interés Turístico Internacional
Beas del Segura (Jaén)
Saint Server (Francia)
Santarem (Portugal)
Moita (Portugal).

La alcaldesa de Pamplona señaló que el objetivo es "defender esta tradición e impulsar su promoción".

Por su parte, el alcalde de San Sebastián de los Reyes y presidente de la Asociación indicó que, desgraciadamente, esta asociación tiene que utilizar la palabra "defensa". "Cuando empezamos a pensar en ella, no pensamos en la palabra defensa sino en la promoción". (Fuente: Diario de Navarra)

Yo me quedo con la promoción frente a la defensa. Y como promoción, me parece original y atrevida la propuesta de la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina: llevó a la presentación de la asociación un vestido con un toro.

Ya había visto el vestido un día por casualidad en internet, pero hoy me he visto negra para volverlo a encontrar. Odio buscar los objetos perdidos porque podrían estar en cualquier parte, y más probablemente en ese milímetro cuadrado que se te ha pasado por alto. Pero me he encabezonado, y aquí tenéis el resultado:


Es una creación de Chula, en su colección "The World" (El mundo), donde se incluyen diferentes vestidos representativos de una variedad de países.

Y han elegido al toro como símbolo representativo de España.

Y a vosotras, ¿os gustaría tener un vestido como este?
Vosotr@s aficionados, ¿os gusta usar complementos de corte taurino de vez en cuando?

viernes, 20 de agosto de 2010

La Fiesta es


La Fiesta es 
naturaleza, ecología, medioambiente,
economía, fuente de riqueza, generadora de empleo,
cultura, tradición e historia

y forma parte de nuestras señas de identidad,
de nuestra trayectoria,
y de nuestra propia conformación
como sociedad.

José María Barreda, presidente de Castilla-La-Mancha (vía El Mundo)

miércoles, 18 de agosto de 2010

Comunicar los toros

En el periódico El Mundo todos los días nos desayunamos con los toros en portada. Esto desde luego no es casual, y para mí tiene un mérito enorme, pues equilibra la balanza y sobre todo cumple una labor informativa. Siempre nos quejábamos, y con razón, de que los toros no estaban en los medios de comunicación. Pero ahora esto ha cambiado, y mucho.

No se trata sólo de que asistamos todo el día a debates esencialmente banales en televisión, o que los periódicos aireen las protestas y lágrimas de los antitaurinos. Sucede ahora que más información sobre los toros, sobre sus valores y su significado, está disponible para aquellos que, sin estar a favor o en contra, nunca han estado muy enterados del tema.

El pasado lunes el cuadernillo de verano de El Mundo se abría con la llamativa foto de una actriz vestida de torero sobre un escenario, junto con el titular "Hemingway lleva la "Fiesta" hasta Escocia".

Una compañía de teatro americana ha llevado a escena la novela de Hemingway The Sun Also Rises, traducida en España como Fiesta. La obra de teatro es un tanto experimental, pues dura cuatro horas, al tratar de reproducir los diálogos originales. La misma compañía ya había representado El Gran Gatsby de Fitzgerald (que duraba seis horas) y El Ruido y la Furia de Faulkner.

En Edimburgo ha tenido lugar la presentación de la obra, y en otoño se representará en Nueva York. Es muy interesante analizar la diferente visión de los toros que se tiene en dos países anglohablantes como Reino Unido y Estados Unidos. En Reino Unido la opinión general es contraria a las corridas de toros (o a la tauromaquia, como acostumbran a decir ellos), entroncando con el origen de los movimientos a favor de los derechos de los animales, mientras que en Estados Unidos, como se recoge en el artículo de El Mundo, "los toros tienen un prestigio que no tienen en otros países del mundo. En parte por la influencia del Oeste y en parte por la influencia impagable de Hemingway".

Lo que evidencia la disparidad de opiniones a ambos lados del océano es que al fin y al cabo la visión sobre los toros no es más que el resultado de una determinada aproximación cultural. Me acuerdo ahora del rodeo al que fuimos en Kentucky. La hombría y orgullo de los protagonistas me recordaba a la determinación y valor de los toreros, y la pasión del público a la entrega de los aficionados taurinos. No creo que un inglés medio pudiera tampoco disfrutar de un rodeo, pues los valores o la actitud que encarna son opuestos a la flema y contención inglesas.

Dicho esto, también hay que reconocer que en cada país por supuesto hay diferencias individuales más allá de los patrones culturales generales, y que tanto en EEUU como en Inglaterra siempre me he encontrado con personas que han querido saber e informarse, y a las que les movía una gran curiosidad. Y siempre parece muy loable en todos los ámbitos el querer saber antes de formarse una opinión o emitir un juicio.

En España podría pensarse que todas las personas saben de toros, conocen esta realidad y por tanto la aprecian. Mis amigas chinas se sorprendieron de veras cuando les expliqué que no era así: que por supuesto hay gente en España que está en contra de los toros y, lo que puede ser más sorprendente, que hay mucha gente que no conoce la realidad de la tauromaquia.

Y ahora voy a lanzar yo una idea desde aquí, aunque sea como lanzar el chucho de melocotón que me acabo de comer y que apenas ha alcanzado a atravesar la verja del jardín (y ahora ahí yace estéril entre el polvo del camino). Pero pimba, cojo carrerilla y ahí va.

Decía al principio que ahora los toros están en los medios de comunicación, y que es bueno para al menos darnos a conocer. Luego ya que cada uno opine lo que quiera, faltaría más, pero que sea con conocimiento de causa. Creo que lo más difícil de explicar a una persona que no conoce nuestra afición es los sentimientos que el toreo produce y los valores que representa. Y quizá podríamos aprovechar la situación no sólo para estarnos defendiendo todo el rato (como decía Morante, y me encanta, ¿defendernos de qué?), sino para transmitir de forma positiva el significado de los toros.

Los de la Mesa del Toro no se cansan de explicar el éxito que tuvo una exposición que llevaron a Bruselas explicando el mundo de los toros. Bueno, pues me parece a mí que tan necesario o más que explicar los toros en Europa es hacerlo en nuestro propio país, donde la ignorancia se mezcla con el prejuicio y la manipulación.

Entonces mi idea es la siguiente: preparar una exposición de calidad (o sea, que no consista en cuatro pósters y carteles mal puestos) que fuera rodando por España de feria en feria, y que estuviera dirigida a informar y entretener no a los taurinos ni a los antitaurinos, sino a todos aquellos que simplemente desean tener una experiencia de conocimiento y belleza, como la que se busca al acercarse a cualquier exposición. Y como digo, la exposición iría de feria en feria, mostrando lo que pasa en el ruedo y alrededor de él a todos los que nunca se han acercado a una plaza.

¿Qué os gustaría a vosotros que supieran de los toros aquellos que sin estar ni a favor ni en contra tienen interés por conocer?



jueves, 5 de agosto de 2010

Los toros y El País

Estimada Señora:

Su artículo del pasado domingo 1 de agosto, "Los protaurinos ganan en cultura", tuvo el mérito de hacerme hervir la sangre, relajadita y al fresco como yo estaba disfrutando de mi lectura dominical. Ahí terminó mi lectura, temerosa de que tanto cinismo se extendiera a otras noticias del periódico sobre cuyo contenido yo fuera más ignorante, por lo que corría el riesgo de creerme a pies juntillas lo que ustedes tuvieran a bien contarme.

Ahora, un poco más calmada, me gustaría aprovechar la oportunidad que el periódico brinda para hacerle llegar mi opinión, con el fin de que entre todos podamos contribuir a hacer de El País el "medio sensato, sereno y equilibrado" que se jacta de ser.

Empieza su artículo citando que "De todos es sabido que EL PAÍS está a favor de la fiesta de los toros". Este planteamiento para abrir el artículo me ha dejado absolutamente tocada, pues desde el pueblo llano donde yo me encuentro la visión sobre la postura de su periódico respecto al tema toros es totalmente la opuesta. Me ha dejado bastante preocupada que desde la redacción se tenga una visión tan alejada de la realidad.

Y si cabía alguna duda sobre la opinión de la calle, basta mirar a la portada de ese mismo domingo para darse cuenta de cuál es la postura que adopta el periódico: en primera página se anuncia que "La mayoría de los españoles rechaza los toros", pero basta empezar a leer la información para darse cuenta de que en realidad se quiere decir que "Al 60% de los españoles no le gustan las corridas de toros".

Me parece que de un enunciado a otro hay una diferencia abismal: una cosa es que no te guste algo, y otra muy distinta que estés en contra. Esto me parece tan elemental, que no creo que a competentes periodistas se les pueda haber pasado por alto. De forma que no me queda más remedio que concluir que han sido muy conscientes al elegir el titular. ¿No se llama eso en lenguaje periodístico manipulación?

Argumenta usted también que "En el año y medio transcurrido desde que se inició la tramitación de la iniciativa popular no he recibido ninguna queja de lectores protaurinos y si, en cambio, de los defensores de los animales". Y bien, no entiendo que es lo que esto prueba. ¿Que los lectores "protaurinos" ( por usar su terminología) están muy contentos con la información taurina del diario? Podría decirle que sin duda los antitaurinos son más activos en sus planteamientos. Al fin y al cabo los aficionados a los toros se limitan a disfrutar de una actividad que hasta hace muy poco era legal en todo el territorio nacional.

En el grueso de su artículo, se enzarza en una batalla en la que los números parece que vienen a probar la ecuanimidad en el tratamiento del tema: tantos artículos a favor, tantos en contra. Si fuera por números, podrían utilizar los datos de la propia encuesta del periódico: el 57% de los encuestados se muestra en desacuerdo con la prohibición de las corridas de toros en Cataluña.

Pero creo yo que la información no se mide cuantitativamente, sino cualitativamente: lo que importa es la profundidad, coherencia y entidad de las ideas. Me encantaría leer artículos que profundizaran en las razones antitaurinas, pues generalmente son un tanto repetitivos y dogmáticos. Por su parte, disfruto con las aportaciones de diferentes intelectuales profundizando en las razones de los taurinos: creo que son precisamente éstas las que se echan de menos en su periódico.

Pero es en la parte final de su artículo donde usted da la puntilla a toda posibilidad de creer que El País trata de mantenerse ecuánime: recoge usted una queja de un lector al que le ofende el uso de metáforas taurinas. ¿El siguiente paso va a ser censurar el lenguaje? El comentario de Emilio Fonseca me llena de estupor, y más que usted lo haya considerdado serio y oportuno al recogerlo en el artículo.

Esperando no haberla ofendido al utilizar la expresión "dar la puntilla", y esperando que no se apruebe próximamente una ley que con carácter retroactivo me criminalice por ello, reciba un cordial saludo,

Podéis recrearos con el artículo de la defensora en cuestión en http://www.elpais.com/articulo/opinion/protaurinos/ganan/Cultura/elpepiopi/20100801elpepiopi_5/Tes

sábado, 22 de mayo de 2010

En deuda

Escribo porque no puedo dormir, o más bien para poder dormirme. Porque ni siquiera necesito cerrar los ojos para ver la imagen congelada de la horrible cornada, como si el rollo de película se hubiera quedado para siempre ahí atascado.

Si lo hubiera sabido, habría cerrado los ojos a tiempo; a tiempo de no ver, de no saber, de haber dado al pause. Como si así pudiera haberse evitado el final. Intento tan inútil, claro, como cuando vemos una película por enésima vez, y aun así todavía mantenemos la esperanza de que el final sea distinto, de que se salven los buenos.

Y tras mucho remover la cuchara intentando desleír el terrón de angustia, lo único que viene a calmarme es una frase tan manida como "así es la vida".

Porque así es la vida, y así son los toros. Hay quien prefiere vivir bajo un paraguas, y quienes reverenciamos a los toreros por ponernos al filo de la navaja.

Aunque a veces la moneda caiga de cruz, y sea un mero hombre el que al final se queda con el drama.

Pero ese hombre es torero, y cuando apuesta, lo hace al todo o a la nada. Y los demás quedamos con él en deuda eterna.

Por el terrible peso de toda la verdad y la emoción que debo es por lo que no puedo dormir esta noche.


MUNDOTORO.COM: “El grano de sal que le falta al océano” (CRV)


Tiene la vida justo lo que tiene la fiesta. Por eso es tan culta. Porque te ama y te mata y te mata todo lo que te ama. La cultura, hablemos claro, es la vida. Perra a veces, grandiosa a ratos, entre humana y brutal. Se nos mareó la sangre con la boca rota de Aparicio y se deshelaron los corazones al ritmo del deshielo lento de El Cid. Un hombre y una mujer son eso, pasión y sentimientos. Leer esta tarde es llorar y reír al mismo tiempo, ahogarnos en el diluvio más tropical y pasear a lomos del arco iris que sale. Eso el toreo. La vida, perra y buena, cruel y generosa. Esa es nuestra cultura.





jueves, 29 de abril de 2010

De toros y hombres

Ayer se publicó esta viñeta sobre toros en El Mundo. Me ha llamado la atención porque me ha parecido chocante al principio, e incongruente tras reflexionar un poco sobre qué es lo que me había parecido raro.

Miradla un momento: ¿veis vosotros algo extraño?

¿Qué mensaje nos quiere transmitir el autor? Una padre, una madre y un hijo con pinta de querer aparecer como ejemplo de la familia media, charlando en un momento también de lo más cotidiano y normal. Tenemos a la madre comiendo a carrillo lleno, el padre encorbatao recién llegado de su trabajo representativo de la clase media urbana, y el niño con pinta de sabihondo y un tanto cargante.

Conversan igualmente sobre cualquier cosa intrascendente y cotidiana. Entre bocado y bocado, el padre comenta sobre la mejoría del torero tras su cornada, pues la espeluznante cogida ha sido portada de todos los noticiarios.

El niño, la nueva generación, replica enseguida y se preocupa por el toro. No es baladí que sea un niño quien pregunta por el toro. Es una pregunta retórica: ya sabemos todos que el toro está muerto. El niño, en su mundo ideal, no puede concebir el destino del toro, y opone su preocupación por el animal al comentario del padre sobre la recuperación del torero.

Son dos generaciones separadas por la mesa camilla, y por el tiempo histórico. El niño trae los nuevos ideales, la nueva conciencia ideológica, el despertar de una nueva sensibilidad. Y se opone aún más a las viejas formas e ideas del padre, heredadas del pasado. Seguramente el padre no tiene ni idea de toros, y le dan absolutamente igual. Pero nunca se ha planteado abolirlos o no, simplemente ha aceptado esa realidad sin más, de la misma manera que ha aceptado la corbata y su trabajo insustancial como moneda de cambio.

¿Quedamos, pues, en que -como parece- la viñeta ofrece un mensaje antitaurino?

Volví a mirarla con detenimiento porque no me parecía todo tan simple: me había parecido que algo no encajaba, y tenía que descubrir qué era.

El padre se preocupa por un hombre que, contra todo pronóstico, ha salvado la vida. El hijo se interesa por un animal que, como cabía esperar, está muerto.

Y todo esto -la vida de un hombre y la de un animal- se contrapone en la misma frase.

Alexander Pope, escritor británico del siglo XVIII, describe la hipocresía y trivialidad del mundo que le rodea de la única forma que le queda, convencido de que la razón es insuficiente para cambiar la situación, o para hacérsela entender a sus contemporáneos: con  ironía demoledora. Según Pope, los valores de la sociedad están trastocados, pues se da importancia excesiva a la belleza y a las apariencias en detrimento de la sensatez.

Pero esperad que os explique por qué he pensado en Pope al leer esta viñeta. La técnica concreta que usa en sus versos es oponer en la misma línea o en líneas sucesivas, usando el paralelismo, un hecho nimio con otro importante. Trata de ridiculizar con este recurso estilístico a una sociedad incapaz de diferenciar lo trivial de lo fundamental, así como de ocuparse debidamente de lo importante.

Os pongo un ejemplo: un duendecillo o espíritu previene a la protagonista de uno de los poemas de la amenaza que se cierne sobre ella. No está muy claro todavía cuál es el peligro, pero se trata en todo caso de algo muy grave: puede que le arrebaten la virginidad, o que una jarra de china se descascarille; puede que mancillen su honor, o su nuevo brocado; puede que olvide sus oraciones, o quizá se le pase una fiesta; puede que pierda su corazón, o tal vez el collar, en un baile.

¿Conclusión? Pues que me parece que en esta viñeta el antitaurino Ricardo sin darse cuenta está revelando lo trivial y vacuo de su argumento: pone a la misma altura, en la misma línea,  la vida de un ser humano y la de un animal.

Y eso, en el mundo de Pope y de la razón, más allá de la opinión que cada uno tenga sobre los toros, supone equivocar la perspectiva.

Leo en Burladero unas declaraciones de Fernando Savater sobre los toros:
Preguntado sobre la moralidad de los toros y sí consideraba acertado prohibirlos, Savater fue claro: "Claro que no se debe prohibir. Los animales no son humanos, así que esta idea de que son como nosotros, pues no. Son seres vivos pero no tenemos obligaciones morales con ellos, sino quizá otro tipo de obligaciones.



sábado, 17 de abril de 2010

Las lágrimas de El Juli

Llego a tiempo para ver las lágrimas de El Juli. Y a Castella sin inmutarse bajo la lluvia. Y luego saldrá Perera. Es en la repetición, y los toros tienen algo del aquí y el ahora, es necesario darlo todo en el momento adecuado, ni antes ni después, a la hora convenida.

Y a esa hora están siempre los toreros preparados. Nunca hay excusas, ni miedos, ni renuncias. Por eso son superhombres, los últimos héroes de la época posmoderna.

Y por eso son los toros el último reducto de lo aútentico.

Enciendo la tele, y torea El Juli como esculpiendo en frio granito, y sale una escultura clásica, perfecta y pura.

Es la repetición, y puede que los toros sean un arte del aquí y el ahora, pero las lágrimas de El Juli están presentes todavía, y son nuevas, congeladas para siempre en el instante eterno de lo auténtico.

Mata bien parece, pero tarda el toro en caer. Llora luego también el puntillero, que levanta al toro. Se prolonga la agonía del toro, es siempre difícil que la muerte venga a rematar la vida con dignidad. Da la vuelta al ruedo El Juli, y llora también una señora que veo entre el público.

Ha sido llegar a casa tras una semana en la que no hay tiempo casi para pensar, y la vida concentrada se me ofrece en una píldora mágica. Sí, aquí era donde estaba la esencia, donde ha seguido todo el tiempo.

Llora El Juli porque dice que ha sido dura la lucha, que le ha costado mucho llegar hasta aquí, que hasta el último momento nada estaba claro.

Lucha, sin saber el resultado, sin saber si alcanzará el éxito, si el triunfo existe. Es la misma batalla que han librado Castella y Perera, y el mérito es el mismo.

Sale a hombros solo El Juli, y sigue llorando. Lloraba el peón que levantó al toro, lágrimas toscas, y le abrazó El Juli con sus lágrimas de agua de colonia.

Ha sido por una Puerta del Príncipe, son las sensaciones de unos pocos minutos, y los sueños que no tienen fin.

Hoy tenía yo ganas de llorar. Pero ya no me va a hacer falta. En esas lágrimas de manantial antiguo llora el último sentimiento del siglo XXI.

Para que lo lea mi padre, que las vio conmigo

domingo, 11 de abril de 2010

Inmigrantes sin papeles: seres humanos sin derechos

Esto se publica ayer, 10 de abril, en el editorial principal de El Mundo, y es una de las cosas que me parecen más graves:

Mientras, el líder de PP se sacó de la chistera una ocurrencia tan disparatada como la de que se deben conceder todos los derechos a que da lugar el padrón -como el de asistencia sanitaria ambulatoria o el de escolarización- "a todos los seres humanos, por el hecho de serlo", sin necesidad de registrarlos en sitio alguno.

Y a vosotros, ¿qué os parece grave: que el líder del PP se saque de la chistera una ocurrencia tan disparatada, o que los líderes de la prensa consideren una ocurrencia disparatada el que todos los seres humanos tengan derechos básicos?

El el editorial de El Mundo se expone la idea de que debe aprovecharse que los inmigrantes ilegales se han apuntado en el padrón (de forma que sus hijos puedan ir a clase y todos al médico), para denunciarlos y echarlos a patadas, que vuelvan a su rincón, a su hura de ratas, y nos dejen a nosotros en paz, pobrecitos, con la crisis que tenemos.

Primero, que lo que es de ratas es aprovecharse de que los inmigrantes sin papeles se han apuntado al padrón porque era lo que el marco legal permitía para asegurarles unos derechos mínimos, para coger ahora y a cuenta de eso, en un hábil giro, conseguir que sean los propios inmigrantes ilegales los que se echan la soga al cuello. Y segundo, lo único que van a conseguir es que no se apunten al padrón.

O sea, que los niños no vayan al colegio y que una serie de personas se queden sin derecho a la salud. Por eso es mucho más conveniente, infinitamente más inteligente, conseguir catapultarlos de vueltas a sus países o tirarlos al fondo del mar, que para el caso no debe de haber mucha diferencia. Allí ya se pueden juntar con los miles de millones que se mueren de hambre y que no tienen derecho a nada. Esa es una parte del mundo que es así, ya lo tenemos asumido, es tan normal que ni siquiera se nos cae la cara de vergüenza, forma parte del pack.

Que vayan cuatro ONGs a arreglar un poco la situación, pero eso sí, sin mi dinero, porque a saber en qué se lo gastan. Y los gobiernos que sigan con sus políticas económicas de libre comercio que expolian y sangran a los países menos competitivos, que nosotros tenemos derecho a estar gordos. Y que no se le ocurra a mi gobierno darle una sola migaja al Tercer Mundo, con los problemas que tenemos aquí.

Aunque ahora a lo mejor ya nos parece normal discriminar a las personas en nuestro propio país, y condenarlas a vagar como seres invisibles, según un criterio tan obvio y diferenciador como tener o no un papel donde te diga que eres un ser humano con derechos. Parece que Europa, que por lo visto es la que está que trina, no es más que un montón de burocracia que muere sepultada bajo el peso de sus propios papeles.

Escribo este rollo porque me cuesta abordar la frase que encierra la cuadratura del círculo. Impotencia y cansancio y mucho pesimismo de que gente inteligente y preparada, parte de la élite intelectual del país,

considere una ocurrencia disparata el que todos los seres humanos, por el hecho de serlo, tengan derecho a la educación y a la salud.

Lo puedo decir más alto, pero no más claro:

Negarles los derechos básicos a gente que vive en nuestro país será comparado un día, que espero no muy lejano, con la esclavitud. Y los aviones en los que quieren repatriar a los inmigrantes sin papeles, con los vagones de trenes donde mandaban a los judíos a los campos de concentración. Porque, como ellos, lo único que van a encontrar al otro lado es la nada, el olvido, y algo que es menos que la vida.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La cara B del mundo

Time and again, we see that the people who choose love over their careers, or even over the values of society are the ones who find real happiness. - Bill Maher

¿Podrá haber cosa más boba que dedicarse a pergeñar unidades didácticas que nunca van a ser puestas en práctica? Parece que estoy dedicando un año de mi vida a una farsa. En realidad aprendo haciéndolas, y al menos son una forma de hacer algo un poco creativo. Pero el tiempo se me echa encima, y por momentos me agobio, porque al final va a depender de la suerte el que me toque o no en el examen algo que lleve preparado.

Pero bueno, no merece la pena venirse abajo por esto. Hay el tiempo que hay, y yo no soy más que yo. Antes tenía esta visión de que vamos cargando con nosotros mismos, nos tocó nuestro cuerpo, pero sobre todo nuestra forma de ser en el reparto, y no tenemos más remedio que aguantarnos. Me veía a mí misma desde fuera, un metro o metro y medio por encima, según andaba por la calle o hablaba con la gente, como si fuera una marioneta.

A veces sigo teniendo una sensación de cobre en la boca, sobre todo al despertarme súbitamente, como si todo fuera irreal, la vida un paripé y nosotros, yo y el mundo, hubiéramos perdido completamente el rumbo y la perspectiva. Nos levantamos y nos hemos echado ya encima una serie de obligaciones que son absurdas. Se nos abre el día por delante, espera que descubramos sus regalos como en una caza del tesoro, y sin embargo lo único que hacemos es movernos como autómatas, sin tener tiempo para escuchar lo que realmente queremos, sin darle oportunidades a nuestro corazón para que se alimente de aquello que necesita, sin permitir a nuestra mente que procese aquello que nos está pasando. Somos tan ridículos como el conejo de Alicia, corriendo como loco porque su gigantesco reloj no le permitía parar.

Cuando estaba en aquel colegio del desierto manchego tenía un impulso real de pasar de largo del edificio del colegio y seguir con el coche hacia el este, hasta llegar al mar, y pasar mientras tanto por lugares tan remotos que no podía ni imaginar. Sentía la necesidad física de poner nombre y cara a todos esos sitios que apenas intuía, de saber cómo era la vida en ellos, de meterme en vena su espíritu como en una transfusión.

Pero siempre al menos un cuarto de hora antes ya estaba yo en el colegio organizando el largo día que quedaba por delante.

Ahora también querría estar en distintos sitios, quizá tratando con gente de verdad, aplicando en la realidad mis unidades didácticas, o tirándome el día observando cómo corren los becerros, con el rabo en alto que es señal de alegría, o viajando ligera de equipaje por paisajes desconocidos, haciéndolos míos, o sintiendo el ritmo de la lluvia que ahora simplemente aporrea la ventana, o acompañando a los demás en sus quehaceres y andando por un rato juntos, o alcanzando ese punto del swing en el que los latidos tuyos y míos se acompasan.

Pero estoy aquí haciendo unidades didácticas, mirándome unos pocos temas, y el tiempo me devora. A mí  precisamente, que odio las carreras contrarreloj. El tiempo va a llegar antes de lo que debería, pero aún así está bien que llegue de una vez, para que se cierre una etapa y pueda hacer balance de ella, y sobre todo empezar otra nueva.  Cuál será, aún no puedo tener mucha idea. Una más difícil que esta, eso casi seguro.

Y da miedo que así sea, da miedo lo difícil y desconocido, pero es también un temblor, un cosquilleo en el estómago, y un decir yo puedo,  y la certeza de que sólo va a poder ser a mi manera, aunque tenga que limpiar el vaho en el espejo de hielo donde algunos prefieren mirarse, y desde donde ven reflejados a los demás. Pero soy yo mucho más que lo que ese espejo deja traslucir.

Y cuando se cierre la etapa, veré que han quedado en la red más cosas de las que ahora puedo apreciar. Y más o menos acertada, condicionada por mi propia forma de ser, esa que me tocó en el reparto, aquí estoy cada día, abriendo un poquito más el agujero del futuro.

Eso va a bastarme para disfrutar y apreciar mi presente. Sé al menos lo que no quiero, y me muevo en dirección contraria, en un continuo saltar para que el fuego no me alcance. Ayer casi no leo el periódico porque en la última página había esta señora toda gorda que no sólo estaba orgullosísima de su falta de salud y de su nula fuerza de voluntad, sino que además iba a llevar estos principios hasta sus últimas consecuencias: se ha propuesto ser la tía más gorda del mundo.

Pero cómo puede la gente tener metas tan absurdas, no ver que lo que ellas quieren convertir en virtud no es más que una limitación, y en vez de luchar por reducir un poco esas limitaciones a las que todos tendemos, van y convierten esa limitación en el motor de sus vidas. Así pasa con todos los vanidosos, los huecos, los prepotentes, los aprovechados. Deifican sus impulsos más burdos. Realmente el surrealista caso de la señora que quiere ser la más gorda del mundo no es lo peor que podemos encontrar en el periódico. 

No me asusta el futuro, no me da miedo ni el éxito ni el fracaso, porque esos son conceptos que los demás se han inventado. No quiero que mi definición de éxito venga de aquellos que cifran los triunfos por las apariencias, que cierran los ojos a las corrientes subterráneas que alimentan las raíces. Yo quiero mi tiempo, mis sensaciones, quiero ser yo, esa que me ha tocado en el reparto. Lucho por lo externo en la medida que me da oportunidades para desarrollarme, toboganes para deslizarme, parques donde correr bajo los árboles.

Sé qué no quiero de la vida, y una vez más me alejo sin pretenderlo de toda esa gente que me repele. Por eso me quedo contigo, y con esos otros que viven en la cara B del mundo, y que siempre tengo la suerte de tener cerca; será porque queda el camino despejado al repeler como imanes a esos que llevan vino agrio en las venas. Me quedo con la humildad de los barrios, y con los que ponen amor en su trabajo, y con el conocimiento profundo y auténtico que no cotiza en bolsa.

Porque lo que más odio del mundo no es a la pobre señora gorda inmensa y feliz en su silla, sino a las dos maniquíes enlacadas y bobaliconas que posan a su lado, que alientan a la pobre mujer en su desvarío, que no se cortan en aparecer junto a ella, pensando las ingenuas que así resaltarán su belleza y su delgadez. Cuando lo único que queda de manifiesto es que son payasos del mismo circo.

¿Que no tengo sangre en las venas? Por fortuna no todo el mundo puede entender qué me corre a mí por las venas.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Orgullosa de la gente del toro

Escribo hoy para contar lo orgullosa que estoy de la gente que le gustan los toros. Orgullosa porque en todo este debate toros sí toros no han demostrado una gran serenidad y un tremendo saber estar.

Lo cierto es que en muchas ocasiones aguantan los taurinos insultos y comparaciones odiosas. La última hoy en El País, donde se equiparan a los toreros con chulos, verdugos, borrachos y no sé qué más.

Supongo que nos asiste la certeza de que los que insultan no pueden saber a ciencia cierta de lo que hablan. Y por ello no los tomamos demasiado en cuenta.

Pero aún así, para cualquier persona humana es lo más normal del mundo perder en un momento dado los papeles y descalificarse así a sí misma, lleve o no la razón.

Y sin embargo los taurinos permanecen fuertes y tranquilos, reafirmados en sus convicciones y en su afición. Se dedican a lo suyo, que es tratar de absorber hasta los tuétanos el cuerno de su pasión.

Admiro también a todos los aficionados taurinos que en sus blogs comparten su interés por los toros, que no pueden dejar de publicar entradas con asiduidad religiosa para intentar aplacar al gusanillo de la afición que los carcome. Aunque a veces los veo como pequeñas hormiguitas a las que se les va la vida en inútiles debates. Para muchos de ellos, todo en el mundo de los toros está mal: ganaderos, periodistas, toreros. Y sin embargo luego se desgañitan defendiendo un mundo sin el que no podrían concebir su vida.

Irónico, tierno y desconcertante a un tiempo. Son como niños peleándose y abrazándose al minuto siguiente. Pero me gusta todo eso: su pasión, su constancia, sus convicciones. Su generosidad y su confianza en la vida, que es lo mejor que nos enseña la infancia.

Me siento orgullosa de que a pesar de las diferentes opiniones que puedan tener, les une algo superior, que no es otra cosa que el amor, el profundo amor, por el arte del toreo.

Y me gusta usar la palabra amor porque el sentimiento de los toros no es más que eso. ¿Qué otra cosa podría mover así los corazones y hacer de sus gentes seres buenos?

Porque hay algo bueno en la experiencia de los toros. Sale la gente de la plaza, y ha asistido a un espectáculo catárquico, ha sentido la comunión con el resto del público, ha hecho suya la experiencia artística. Y por eso salen de la plaza los aficionados toreando por las calles los días buenos, o con unas ganas locas de sentir el orgasmo del arte aquellos otros días en los que los preliminares no son suficientes para aplacar el deseo. Sale la gente del fútbol, y destrozan medio mobiliario urbano.

Y me siento muy orgullosa de todos aquellos que han utilizado su inteligencia y su sensibilidad privilegiadas para profundizar en la esencia de los toros. He leído en estos días artículos geniales, brillantes y certeros que analizan los diferentes aspectos de las corridas.

Y como resultado son los toros más reales y auténticos que nunca. Para mí son muy importantes las palabras y las ideas, los razonamientos impecables, los atisbos de profundidad. Y el debate de los últimos tiempos ha dotado a la fiesta de unos argumentos intelectuales que vienen a unirse a los que otros pensadores no tan lejanos aportaron.

Es también esencial para mí el rodearme de gente buena, desprendida y apasionada. De gente deseosa de compartir sus valores, de abrirse a los demás y de aportar buenas vibraciones. Y por ello me siento, finalmente, terriblemente afortunada de encontrar en la familia taurina gente que, más allá del interés común, satisface mis aspiraciones.